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Terra
La Coctelera

COMO UNA REPISA.

donde se ponen cosas de Familia y de pueblo, por si las quieren leer...!

15 Julio 2011

Verdadera Máquina de Rayar Yuca

En el año 1.912, Venezuela fue azotada por una devastadora Hambruna, causando sus mayores estragos en el occidente venezolano y siendo Falcón el estado más afectado. La terrible enfermedad fue precedida por una de los tantos veranos que se hizo más intenso y prolongado que lo que de costumbre. La larga sequía hizo descender vertiginosamente los niveles de todas las cosechas, produciéndose la consecuente escasez de recursos en la gran mayoría de los pueblos falconianos.
Los habitantes de las zonas más desbastadas por el hambre y el ardiente verano que no habían muerto de inanición (Desnutridos), emigraban moribundos en desbandadas en busca de la ansiada supervivencia.
La realidad era terrible, sus escenas espantosas: Una disecada rama de hojas verdiamarillentas servía de bastimento a cualquier caminante despavorido por calmar el hambre..., hombres, mujeres y niños eran encontrados a cada paso, de lado y lado del camino muertos por el hambre, la sed y las enfermedades sufridas por las mismas consecuencias. Pudo encontrarse incluso la espantosa escena de un niño desesperado pegado mamando a los pezones del cadáver de la madre.
Los Bariquiseros vivieron en mayor o menor grado esta situación. Ellos estaban adaptados al clima y familiarizados con el irregular régimen de lluvias. Sobrellevaban de cualquier manera los duros períodos de verano. Con la llegada de los esporádicos inviernos se volcaban a la siembra para luego recoger orgullosos y agradecidos el fruto que le brindaba el bondadoso suelo, obteniendo así el consuelo para esperar, con toda la paciencia del mundo, el próximo invierno.
Eran ellos presa de esa especie de embrujo de El Bariquí que por generaciones ha amarrado a más de uno de sus hijos a su suelo y que esperen ansiosos una "nortaíta" para sembrar y otra para que se salve la siembra. Es algo así como un conformismo nostálgico que muy irregularmente era correspondido con la grata contribución de la naturaleza y que, no enriquecían al Bariquisero pero si alimentaba su estómago y fortalecía su espíritu.
Ésta, probablemente, sea la razón del sedentarismo del bariquisero y quizá todavía fuera así si no hubiese existido alguien que, con tajante irreverencia a esta realidad, marcara el histórico primer paso o inicio de los movimientos migratorios de los habitantes de El Bariquí.
Se trata de Francisco Petit Hernández, "El viejo Chico Petit", hijo de José Isidoro Petit Petit quien, guiado por el mismo espíritu emprendedor y aventurero que movió a su retataratataratatara-abuelo a cruzar el océano Atlántico desde la madre patria, en el último tercio del Siglo XVII, emigró con su esposa e hijos varones a un lugar del que solo se oían cuentos: Buena Vista de La Sierra.
Por todo el desértico Falcón, las noticias de La Sierra surcaban los vientos como cuentos de hadas: zona fresca por excelencia donde las cerradas y continuas lluvias no permitían distinguir estaciones de invierno y verano, temperaturas bajísimas a pleno mediodía, densas neblinas a media tarde y el suelo más generoso que pudiera concebir la imaginación del falconiano más soñador.
Ante la cruda realidad circundante tan opuesta, era difícil creer en la existencia de semejante paraíso terrenal.
En la voz popular, muy bien alimentada por la idiosincrasia del "coriano", se oían cosas de La Sierra tales como que el plátano mas pequeño que allí se daba era como el brazo de un atlético caletero y que ni el mas fornido de los hombres podía con el racimo. También se oía decir ante boquiabiertos e incrédulos oyentes, que con una concha de una yuca de la sierra se podía cruzar cómodamente y sin peligro de naufragio cualquier río o caudalosa quebrada. Según los mismos comentaristas, un saco con veinte aguacates de la sierra no podía ser cargado en el lomo más de cincuenta metros sin que cayera desmayado el cargador.
El viejo "Chico" Petit, cautivado por esos cuentos, responde al despertar del espíritu emprendedor que dentro de si se estiraba y quizá presagiando lo que podía venir y que tardo diez años mas en llegar, agarró a su mujer, sus hijos varones Teodosio, Demetrio, Eusebio, Lino y Alejo, todos sus animalitos caseros y toda clase de enseres domésticos y salió de El Bariquí en busca del paraíso serrano en los albores del Siglo XX.
Una vez en Buena Vista, los recién llegados colonizadores se ubican estratégicamente en la posesión recién adquirida y de inmediato comienzan a construir cada uno sus casas de habitación y a demarcar los pedazos de tierra que cada uno debía trabajar.
De los hijos de "El viejo Chico", solo Alejo no construyó casa en Buena Vista pues, nunca llegaría a establecerse definitivamente en La Sierra, aunque si demarcó su parte de tierra, la comenzó a trabajar para luego dejarla a cargo de peones contratados. Él le pagaba por trabajarles la tierra a estos peones, quienes provenían de la misma gente que acompañó a "El Viejo Chico" en su temeraria empresa colonizadora.
Alejo continuó viviendo en El Bariquí donde siguió ejerciendo su trabajo de enseñar o adiestrar toros a moledores en los Trapiches de Caña, pero nunca dejó de tener una estrecha comunión con su familia en La Sierra. Se casó allí en El Bariquí y levantó su familia. Su esposa era su prima hermana Guadalupe, hija de su tío "Chón Petit" con la que tuvo seis hijos: Alejo, llamado "Alejito", Amado, Dominga (murió de quince años), María Josefa, María Asunción "Chona" y María de los Dolores "Lola". Fuera de su matrimonio tuvo cuatro hijos: María de las Nieves García, María Jesús "Chúa" y Eliseo Orellane.
Alejo y sus descendientes viajan constantemente a Buena Vista a visitar a sus familiares, a darle una vuelta a su posesión, a pagarle a su personal y, por supuesto, proveerse de los productos agrícolas de La Sierra, superiores en calidad y abundancia a los de EI Bariquí y todos sus alrededores.
Alejo construyó su propio trapiche en el mismo Bariquí, una vez que se produjo el éxodo a la Sierra que marcó la desaparición progresiva de los trapiches abandonados, entre ellos el de su padre, situado en la zona conocida como La Vega.
Los demás hermanos de Alejo en La Sierra se meten a trabajar de lleno con su padre la agricultura.
Demetrio compró otro punto colindante con Buena Vista llamado "Caja de Agua", el cual fue bautizado con este nombre pues, en su parte baja se sentía un estruendoso ruido de cascadas de agua que cristalinas corren entre grandes piedras. Estas aguas nacen mas arriba, en el Cerro Camacho, el mismo donde se encuentra ubicada "La Cueva de El Cielito" donde a principios de 1.962 se produjo el primer bombardeo por parte de la aviación oficial contra un objetivo revolucionario por encontrarse allí la sede del Comando del Frente Guerrillero José Leonardo Chirinos" o Frente de Liberación Nacional y su brazo armado las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.
Estas mismas aguas pasan, tras recorrer muchos kilómetros por debajo de ese gran puente que esta cerca de Tocópero.
Algunos de los hijos de "EI viejo Chico" ya estaban casados., algunos con hijos pequeños y otros que van naciendo allí.
La actividad agrícola en La Sierra es intensa una vez establecidos en Buena Vista. "El viejo Chico" construye un trapiche y al mismo tiempo funda su Hacienda de Caña que habría de garantizarle la materia prima. Tanto la construcción del trapiche como su operación, así como todo el trabajo de cultivo de la Caña eran hechos por el mismo grupo de familiares del viejo "Chico" junto a la gente que en calidad de "peonada" le habían acompañado desde EI Bariquí.
La actividad trapichera generaría el producto más fuerte en la próspera economía de Buena Vista: La Panela. Ésta, junto a la Yuca, el Onoto y el Tabaco, eran los rubros de mayor comercialización en Cumarebo, Coro y La Vela, a donde debían ser transportados en lomo de bestias desde lo alto de La Sierra.
La Yuca era comercializada no solo como tal, sino procesada y vendida en sus derivados: Almidón y Casabe.
En Buena Vista, por cierto, se conoció dentro de la actividad de procesamiento de la Yuca para la obtención de sus derivados a un hombre que adquirió una gran fama como "rallador de Yuca" por su inigualable destreza en dicha actividad. Se trata de Serapio Jiménez, quien trabajaba para Demetrio y quien llegó a rayar en un día de trabajo, hasta las cuatro de la tarde, cuatro sacos de yuca. Esto incluía lavar y limpiar bien cada Yuca antes de rayarla. No se conoció en toda La Sierra ni en EI Bariquí, ser humano dedicado a rayar Yuca que superara ni siquiera igualara semejante índice productivo. Serapio Jiménez era, sin lugar a dudas, una verdadera máquina de rayar yuca.
Otro de los productos agrícolas cultivados en regular proporción era el Café. No era este un producto fuerte de comercialización como la Panela, la Yuca o el Onoto, sino que más bien era cultivado para el consumo local y alguno que otro excedente era llevado a Cumarebo o Coro para la venta.
Por supuesto, estos no eran los únicos productos cultivados en Buena Vista, pero si los producidos a escala de explotación comercial. Todos los demás eran producidos para el consumo diario de todos los colonizadores Bariquiseros.

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11 Julio 2011

80 años victoriosos.

¿Qué tanto hace de aquel martes 30 de junio de 1.931 cuando llegaste al mundo, inundando de alegría a todos en la casa para unirte a Chema, Yuye, Benedicta y Perucho?...

Pero, si parece que fue ayer, cuando a los ocho años escribiste en la escuela aquella hermosa carta a tu tía Adelina Corona, hermana de tu papá, y que sin que tú lo supieras, la leyera tu maestra. De inmediato, la docente mandó a llamar a tu representante a la escuela ese día y te retuvieron a la hora de la salida esperándolo a él.

Qué angustia y desesperación, el corazón parecía que se te salía del pecho del susto por no saber el motivo de la citación, pero que tú solamente asociabas con una dolorosa e inevitable consecuencia: una pela segura.

Cuando llegó tu papá, la maestra le explicó las razones por la que lo llamó y, seguidamente, le leyó la carta en tu presencia. Totalmente confundida y asustada, veías a tu papá escuchando atentamente lo que leía la maestra mientras se le iban humedeciendo los ojos hasta inundárseles de llanto, conmovido por lo que decía la carta. Pensabas que era de rabia que lloraba y que iba a descargar toda esa furia contra ti ahí mismo, sin importar quien estuviera presente.

Aterrada, solo esperando el castigo inminente e inevitable en ese mismo lugar, veías venir hacia ti aquel hombre a quien tanto amabas y respetabas.

Que confusión Dios mío...

No sabes que, él se acercaba era para darte un cálido y efusivo abrazo por haber hecho con tus inocentes manos, un pequeño lápiz y un inmenso corazón, tan noble y profundo sentimiento de amor hacia tu tía.

Mientras el lloroso padre te abrazaba con el pecho hinchado de orgullo, la maestra se desgranaba en elogios hacia la novel escritora: "armó muy bien sus ideas y su ortografía es impecable, amén de su hermosa caligrafía..."

Pero, casi fue antier que fuiste una hermosa adolescente, fiel reflejo de tu madre. Hacían cola los enamorados, como aquel José Corona de Santa Elena, al que le recibiste una foto que te descubrió José Gregorio y, como hermano varón de padre y madre, te reclamó. Sería más por celos de hermano que por otra cosa que, una vez hasta te pegó por las piernas porque no te alcanzaba ya que te habías montado alto para que no te quitara la foto de tu furtivo pretendiente.

Quien te fuera visto "cruzando el corredor" como única forma de ver la visita de tus enamorados secretos conversando con tu papá en la sala, mientras éste te increpaba:

«Nicolasa... ¿Es que vos no tenés oficio?»

¿Y, cuando tu príncipe azul merodeaba tu castillo?...

Llegaba timorato a que Melesia, la casa de enfrente, hablando de lo que fuera con quien estuviera en la casa sin verle la cara, para escudriñar con su vista una por una las ventanas de tu casa. Él sabía que en una de ellas se toparía con tu cara, para cruzar una mirada que alborotaría en los dos miles de mariposas aleteándoles en el estómago, acelerando sus corazones casi a reventar.

Tú te ponías cerca de una de las ventana de la sala con el pretexto de leer un libro, mientras casabas un descuido de tu padre para regalarle a Simón la mirada que venía a buscar desde El Tamarindo y que encendía las brasas de sus amores distantes pero apasionados y correspondidos.

¿Y, cuando llegó el día de pedir tu mano en matrimonio?

Te aprestabas a cumplir los diecisiete años. Rafael Simón era un solo manojo de nervios. Cuando pudo pronunciar en un solo tartamudeo la consabida petición al temido y respetado suegro, recibió una respuesta inesperada por lo desconcertante, que aumentó su angustia hasta ponerlo al borde de un shock nervioso:

«Ajá, déjeme consultar a mi compadre Sótero para ver si está de acuerdo con esto?»

Sudando a chorros, mudo y congelado, vio como su futuro suegro lo dejó petrificado en el sitio esperando un buen rato, después salió del cuarto vestido de punta en blanco con su bastón encabullao, y le dijo:

«Espere por ahí»

Tu papá se fue a casa de Sótero Hernández y lo puso al tanto de la situación, recibiendo de su compadre el apoyo irrestricto a su primogénito Rafael Simón y a su tartamuda propuesta. Tu futuro suegro, le dijo entonces a tu papá:

«Compadre Bruno espéreme un momento»

Al rato salió también Sótero, muy parecido en la vestimenta de su compadre y con su "garrote de onore" pasando casa por casa, invitando a medio pueblo para el matrimonio de Simón y Nicolasa.

Cuando llegaron los dos compadres a tu casa, Simón había abierto una zanja en el corredor con una caminadera que le cayó por la angustia de la espera, alcanzando la paz y el sosiego solo al recibir el consentimiento de su suegro para el casorio, acompañado con la orden expresa de su padre. Dijo Sótero seguidamente a tu futuro esposo:

«Mañana se va temprano y empieza a cortar unas caratibanas para que comience a parar la casa»

Fue allí mismo en El Tamarindo, a pocos metros de la casa que habitas, a mano izquierda de la casa de tus suegros, donde levantó Simón, el nido de amor donde levantaron ambos la hermosa familia que procrearon.

Nueve hijos, 5 hembras y 4 varones: Nelly, Arelys, Saida, Ana Margot y Mabel Rebeca, Alirio José, Eglis Humberto, Róger Simón y Hugo Javier.

De toda la descendencia brunera, eres una de las que ha recibido duros golpes del destino, pero que los has sabido afrontar y sobrellevar con dignidad y altruismo. A pocos años de casada sufriste la pérdida de una pequeña hija, en mil novecientos setenta y seis, dos dolorosos golpes sacudieron tu humanidad de mujer hija y madre cuando, en menos de un mes, perdiste a tu amado padre ya anciano y trágicamente a uno de tus adorados hijos, el recordado Humberto. Finalmente, hace veintitrés años, recibiste otro duro golpe con la partida prematura e inesperada de tu amado Simón, el compañero de caminos y de sueños, el complemento de tu existencia, tu único y gran amor.

Hoy llegas a tus ochenta años de camino con una hermosa y tierna sonrisa en los labios. La buenamoza adolescente que se convirtió en ejemplar madre, hoy alcahuetea amorosa a un ejército de nietos que la colman de cariño y le brindan toda esa paz que da la satisfacción del largo camino recorrido.

Ese gran amor que te brinda tu descendencia, es la razón de ser de tu presente  y te da el impulso necesario para recorrer los muchísimos más años de vida que tienes por delante.

El nombre Nicolasa, significa victoria popular y, eso es lo que tú has conseguido en la vida, una cadena de triunfos dignamente logrados y merecidamente alcanzados.

Es todo un privilegio compartir tu espacio y tu tiempo.

Quiera Dios sea por un largo tiempo.

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11 Julio 2011

La Lámpara de Laureano

Hay una teoría sociológica diseñada y sostenida por Elías Corona acerca del caudillismo coriano en Aroa. Él sustentaba que en Aroa, desde la llegada de los tres hermanos Jiménez (Ramón, Juan y Eladio) en el año 12 y, hasta el 47, año en que descubrieron y fundaron a Los Ureros y Carabobo, existieron tres grandes caudillos o líderes populares a quienes los corianos oían, respetaban y seguían como a un solo hombre.
Según Elías, el primer gran líder popular coriano fue, indiscutiblemente, Ramón Jiménez, el segundo caudillo fue Miguelito Jiménez (primo de Ramón) y el tercer y último gran líder popular fue Laureano Petit Corona.
Cada uno, en su momento, fue una notable figura pública local pero, de estas tres personalidades corianas destacó claramente la de Laureano Jesús Petit Corona.
Él venía emigrando junto con su familia siguiendo a su papá, Demetrio Petit Hernández, casado con Francisca "Chica" Corona Olivetti, padres de Benita, Ernesto, Carmen, Rosario "Chayo", Ana, Mercedes, José del Carmen "Checame", Matías, Benedicto y Cándido. Laureano llegó a Aroa antes de que lo hiciera la familia en 1.942. El se vino adelante precisamente sacándole el cuerpo a unos "verazos" que le iban a echar en El Caño El Tigre o Churuguara por unos asuntos de mujeriaúra. El llegó a casa de su Tío Cornelio y Tía Nieves, en Aroa, en donde vivió por un período de uno o dos años.
"Llano", como le decían algunos allegados, era un hombre de una imponente presencia física y de una arrolladora personalidad. Leía mucho acerca de los más variados temas: medicina, filosofía, política, religión y particularmente, ciencias ocultas, parasicología, magia negra, etc. Su afición a la lectura le proveyó de un basto bagaje cultural y un rico y fluido vocabulario. A diferencia de Ernesto y su alharaca poética y literaria, Laureano era el intelectual, el del discurso, orador preciso, certero y claro. Sin embargo, los dos juntos formaban la pareja perfecta que congregaba, embelesaba, enloquecían al auditorio aroeño y lo controlaban a su antojo.
Más de una vez, Laureano le tiró papelitos con notas tipo chuleta a Ernesto y a Juan Corona apoyando la oratoria en medio de sus enardecidos discursos proselitistas. Estos tres hombres, Ernesto, Laureano y Juan Corona, formaron un equipo en el que se apoyó Jóvito Villalba para engrosar las simpatías por el partido U.R.D. en toda la geografía yaracuyana.
Laureano tenía muchas consideraciones, no solo entre los corianos, sino en todo el pueblo de Aroa. Sus conocimientos en medicina le permitieron entablar una gran amistad con el Dr. Santelíz llegándose a rumorar entonces que, el conocido y afamado médico yaracuyano, más bien era quien se recetaba con Laureano.
El período de caudillismo "laureanista" transcurrió en medio de parrandas, fiestas, juegos y peas. Le apasionaba el juego: dados, gallos, barajas, etc. Gran aficionado al trago y a la "jembriaúra", por supuesto, a pesar de no haber tenido "hijos naturales" como sí lo hizo su hermano Ernesto (Henry González y Arminda Jiménez).
En una de esas tantas andanzas durante su gestión caudillezca, cierta vez, Laureano se entera de que en casa de Claudio Lopez, un barbero de Aroa, habría una celebración y, decide apersonarse en la casa de la fiesta justificando su repentina aparición con la excusa de que necesitaba una lámpara de gasolina y andaba buscando quien tendría una. Él sabía que el dueño de la casa tenía una. El dueño accedió por supuesto a prestársela con la novedad de que tuvo que encendérsela para explicarle a Laureano cómo funcionaba.
Laureano, victorioso al salirse con la suya, accedió a los ruegos del amigo barbero de que se quedara un rato compartiendo con ellos aprovechando su "inesperada" aparición.
Arrimó en un rincón la lámpara prendida mientras departió con el dueño de la fiesta y sus invitados, disfrutando de los brindis que inmediatamente le fueron dados. Transcurrieron así las horas tempranas de aquella noche de farra, hasta que comenzaron a escasear los brindis y los pasapalos y, Laureano, adelantándose al inminente final de la reunión, se paró, agarró su lámpara prendida y se despidió de los dueños de la escasa concurrencia aduciendo irse a descansar.
Pero eso era muy difícil de creer. Laureano iba "calentón" con aquellos primeros tragos y lo menos que quería sería ir a dormir: ¿Tan temprano?, ¿Hoy Sábado? Serían como las once de la noche...
Cuando va iba caminando por las calles iluminadas del pueblo de Aroa, con su lámpara prendida abrazada, oyó por allá a lo lejos, en lo alto de los cerros, los lánguidos acordes de una guitarrita que gemía...
Como un acto reflejo, levanta la mirada, afina el oído para ubicar el origen geográfico de las notas punteadas y, sin pensarlo dos veces, se encamina hacia allá con la plena seguridad de conseguir la parranda que necesitaba para completar el pedazo de noche que le faltaba.
No sabe que, se había acabado aquel baile porque, se había acabado el kerosén en la casita esa. Estaban las lucecitas "coloraítas" a punto de extinguirse... Las laticas de Kerosén en estacas "alumbraban la pura mecha" y parecían apenas unos tizones. En esa casa había de todo: comida, bebida, parejas de baile,... ¡Lo que no había era Kerosén!
La llegada de las tinieblas había decretado el fin del baile y, solo una guitarra y unas voces trémulas sin rostros amenizaban el ambiente. No había combustible para el alumbrado y ¿Cómo bailaban en lo oscuro?
De pronto, los afligidos asistentes que quedaban, creyeron que amanecía de repente con un sol radiante cuando irrumpió Laureano en medio de aquellas cerradas tinieblas de la medianoche con una luz que alumbraba toda la casa, los patios, el cerro y sus alrededores. Como algunos de ustedes sabrán, la lámpara de gasolina da una luz blanca intensa, y hasta más clara que la misma luz eléctrica
Fue así que se volvieron a ver las caras los escuálidos asistentes, desde que se habían extinguido las luces de las latas de kerosene.
Un estallido de entusiasmo anima a los decaídos asistentes que quedaban y a Laureano enseguida lo acomodaron en una silla, le trajeron comida, aguardiente y la mejor pareja en agradecimiento porque, ahora era que iba a haber baile, con la llegada de aquella lámpara.
Ahí se rascó Laureano y completó el rato de madrugada que le quedaba.
Entonces aclaró y se dispuso a regresarse a entregar la lámpara a su dueño. Agarró la lámpara disponiéndose a apagarla pero, no supo y, no le quedó más remedio que agarrar su lámpara prendía y caminar por las calles de Aroa. Iba con su lámpara prendía a pleno día, aunque ya con la luz un poco turbia por el normal agotamiento del combustible.
Llegó por fin a casa de Claudio López a devolverle la lámpara y al recibírsela, éste le preguntó:
«Pero, ¿Y por qué no la apagó?»
«¡Es que yo no la se apagar!»

 

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8 Julio 2011

El Bateero

Existió en Aroa un Ejercito Popular formado por puros corianos habitantes de San Francisco, nacido a la luz de la necesidad de la defensa de la Plaza de Aroa ante una supuesta invasión por parte de unos sanguinarios seguidores del temido General Rafael Simón Urbina.
Eran los tiempos gomecistas allá por 1.935 y, ante la inminente muerte del dictador, se esperaba una escalada terrorista en todo el país. Aroa no escapaba a estos temores y esperaban en cualquier momento la entrada de una columna de guerrilleros en tropel entrando al galope al pueblo atropellando todo a su paso, volando cabezas de autoridades, saqueando todo lo que estuviera en pie, violando mujeres y arrancando de sus brazos a los niños para llevarlos consigo.
El coriano, con toda la fama que lo rodeaba de hombre apretado para el trabajo y la pelea, se constituyó en ejército popular armado para la defensa de la Gobernación de Aroa.
También en esos tiempos, existió en Aroa un artesano tallador de bateas de madera llamado Luis Mujica Clisanche.
Un día, de esos mismos días de la supuesta invasión, salió Luis Mujica (El Bateero), a cortar un Candelo en los cerros para tallar una batea que le habían encargado.
El Candelo es la madera por excelencia para tallar bateas. Es un gran árbol de grandes y largas raíces en forma de gruesas tablas acostadas de canto y dispersas en todas direcciones.
Quizá por la forma geométrica de las raíces o por la estructura interna de la madera, el Candelo al ser golpeado produce un sonido sólido y estruendoso.
Una vez que El Bateero se encontraba en lo más alto de Los Cerros de Aroa y frente a la raíz de Candelo que mejor le pareció para su artesanal obra de arte, comenzó a hachar el árbol para tomar de él, el pedazo de materia prima que necesitaba.
El estruendo producido por cada uno aquellos hachazos, invade toda la geografía cuprense, bajando cerro abajo y recorriendo cada rincón del Valle del Río Aroa y poniendo a vibrar cuanto tímpano se atravesara en su camino. Ante el repiqueteo constante de aquel sólido sonido, aroeños y corianos se ven las caras y temblorosos se hacen cruces sentenciando en voz baja el origen de aquel traqueteo galopante:
«Esos son los cañones de la gente de Rafael Simón Urbina que vienen a invadir a Aroa »
De inmediato, el pánico se apodera de los primeros habitantes que oyeron aquellos sonidos y que se imaginaron el batallón de subversivos entrando y tomando el pueblo de Aroa, asaltando la gobernación.
Se corre la voz de alerta y se llama a formar, con la premura del caso, a la única fuerza capaz de enfrentar el ataque hostil, el Ejército de Corianos.
En un santiamén estaba formada la tropa de corianos frente a su Comandante Eladio Jiménez, armados hasta los dientes con lo poco que pudieron conseguir en la apresurada carrera armamentista. Eladio Jiménez había sido designado Comandante del Ejército Popular por su hermano mayor Ramón Jiménez, indiscutible máximo líder (caudillo) de los corianos en Aroa desde su llegada en 1.912. Eladio prestó servicio militar y le fue encomendada esa misión por sus conocimientos en asuntos de armas y manejo de tropas.
Mientras tanto en lo alto del cerro, Luis Mujica daba, contentico, los últimos toques al rústico trozo de madera que en la comodidad de su casa convertiría, con la destreza de sus manos, en una obra de arte dentro de los artefactos domésticos de la época.
Cuando iba la tropa de corianos avanzando en perfecta formación, armados con escopetas, machetes, piedras, y palos prestos a defender a toda costa la Gobernación de Aroa, y pasan por la Calle Piedra'e Tranca, se encontraron de frente con Luis Mujica El Bateero, quien venía silbandito, con la batea rustica abrazada sobre su hombro derecho y oscilante en su otra mano el hacha.
Es entonces cuando el Comandante y la tropa entran en razón de lo que realmente estaba pasando y cual era el verdadero origen de aquellos supuestos "sonidos de artillería".
En silencio, todos los corianos respiraron tranquilos pero, en absoluto, nadie hace comentario alguno ante la explicación a aquel "mal entendido". Cuando su Comandante se dispone a dar la orden de retirada de la tropa a regresarse a San Francisco a retomar las actividades cotidianas, de entre los pueblerinos que paralizados contemplaban el paso de la tropa y que todavía no entendían lo que estaba pasando, se escuchó una carcajada burlona que José La Oz, un importante bodeguero del pueblo, quien había visto también al bateero con su hacha, entendiendo también el origen de aquellos cañonazos que hicieron que se formara apresuradamente aquella pintoresca tropa.
Eladio Jiménez lo ve y se siente burlado en su orgullo y con el de él, el de toda la tropa bajo su mando, y de manera inmediata hace que la falta de respeto sea pagada con 15 días de cárcel sin ninguna consideración, aunque se tratase de un importante comerciante de la comunidad aroeña.
«Esto es sagrado, la tropa se respeta»
-Argumentaba inconmovible el Comandante Eladio Jiménez-

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8 Julio 2011

La Fama de los Corianos en Aroa

Cornelio Corona vivía en lo alto de la Sierra de Aroa, en su Hacienda Los Palmares, en Casupal, y bajó una vez del Cerro de San Francisco a comprar un machete a la bodega más grande que más cerca estaba de El Paraparo.

El Paraparo era una frontera imaginaria entre el antaño pueblo de Aroa, y el Cerro de San Francisco o Cerro de los Corianos y esa bodega era propiedad del viejo Cesar Curet, un musiú grandulón y fornido.

Cornelio era un cliente muy exigente y para probar la calidad del producto, pandeaba el machete de lado y lado viendo si recuperaba su forma original. El machete que se enderezaba era bueno, si no, no pasaba el "control de calidad" y no llenaba las espectativas del comprador.

La inquietud del bodeguero iba creciendo a medida que se le iba esterando el mostrador de machetes torcidos sin que hubiera uno que satisficiera al exigente cliente. Cuando ya le había pandeado como siete machetes, el viejo bodeguero montó en cólera y estalló en un sartal de insultos contra el indeciso comprador.

Cornelio Corona, aunque era evangélico, reaccionó no menos violento que el viejo Curet. Cornelio tenía un temperamento fuerte pero sabía controlarlo. El era muy "volao" pero, al mismo tiempo, la maldad sana la cargaba a flor de piel. El había logrado ya su cometido que era ver furioso al viejo bodeguero y, solo era cuestión de casar el momento para salir dignamente de la situación.

En el fragor de la lucha verbal, Cornelio sacó de su cintura una larga y filosa Cuchilla con cacha de Clavos de Cobre que siempre le acompañaba. A los dos adversarios los separaba un ancho mostrador, sobre el cual casi se acostaba Cornelio desde su barriga y a todo lo que le daba el brazo extendido, tirándole rasantes puñaladas sobre el asustado bodeguero quien ya no hallaba que mas arrimarse al otro lado contra los estantes repletos de mercancía, tratando de esquivar las furiosas envestidas del, aparentemente, enardecido coriano.

En medio de la supuesta furia, mientras embestía una y otra vez al barrigón bodeguero, Cornelio calculaba el tiempo que se tomaría en llegar la policía a solventar el escándalo público que se había formado, para así él irse de la bodega. Él, era buen conocedor de la ley y sabía perfectamente sacar a relucir un arma blanca implicaba arresto.

Cuando se fue Cornelio de la bodega, al viejo Curet no le quedó más remedio que ponerse a tratar de llevar los machetes torcidos a su forma original en medio de una retahíla de insultos y refunfuños.

Poco después, entró en la misma bodega Julio Rodríguez, coriano también de San Francisco, a hacer unas compras y, sin saludar siquiera al recién llegado cliente, el furioso bodeguero le pregunta en tono áspero e intimidante:

«¿Usted no será como uno que se acaba de ir de aquí?, un hombre malcriado»

Sin esperar respuesta alguna, vuelve a interrogar:

«¿Usted no será coriano?, ¿De donde es usted? »

Julio Rodríguez, paralizado por el desconcierto, sin atreverse a aumentar la furia del viejo y para evitarse inminentes represalias en su contra si reconoce su origen, responde asustado:

«No señor, yo soy de Sacuragua»

EI viejo desconcertado frunció el ceño delatando su absoluta ignorancia sobre el significado geográfico de la respuesta, no teniendo más remedio que, asentir con la cabeza y volver a sus refunfuños.

Sacuragua es un pequeño caserío próximo a El Guanábano y Zazárida, en el Distrito Zamora del Estado Falcón, unos treinta kilómetros al sur de El Bariquí.
Julio Rodríguez por su parte respiró tranquilo felicitándose por la acertada respuesta que espontáneamente se le había ocurrido y que le había permitido salir airoso de la comprometedora situación.

Ya un poco más tranquilo y libre de toda sospecha, Julio Rodríguez interroga al bodeguero:

«Mire, ¿Y, cómo era ese Señor?»

Este le respondió:

«Un hombre alto, con bigote recogido en la nariz, con sombrero ala caída para todos lados y con bruza de Kaki... ¡Cargaba un cuchillón de este tamaño!»

Puso el dedo índice estirado de su mana derecha apuntando a la mitad de brazo izquierdo extendido.

Julio Rodríguez, que atento escuchaba la detallada descripción que daba el bodeguero, reconoció de inmediato al protagonista y se dijo así mismo: «Este es Corona»

Al verlo pensativo, el bodeguero le pregunta:

«Y, ¿Usted lo conoce?»

Sin ningún titubeo, Julio Rodríguez se arropa en la complicidad conveniente y oportuna y responde tajante:

«¡No Señor!»

«¡Yo no lo conozco!»

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8 Julio 2011

El Canoero

A El Bariquí de 1.925, llegaban constantemente excelentes noticias de la prosperidad de que disfrutaban los Jiménez en Aroa, quienes habían emigrado de El Bariquí hacia esa región de Yaracuy por allá en 1.912.
En ese año 1925, ante una cordial invitación entre tantas hechas por los Jiménez a sus primos hermanos, los Corona, hacen un viaje de reconocimiento: Victoriano Encarnación "Chón" Corona Petit, Cornelio de los Dolores Corona Olivetti (mi abuelo), acompañados por Julio Rodríguez un allegado oriundo de Sacuragua, un caserío cercano a Zazárida como a 30 kilómetros al sur de Bariquí.
"Chón" Corona tendría unos treinta años y ya se había casado con Adelina Corona Olivetti, Tía Nin, en 1921, mientras que Cornelio, con veinticinco años a cuestas, permanecía aun soltero.
Al llegar a Aroa, a los invitados les fueron brindadas todas las comodidades y las mejores atenciones. De la mano de sus primos Ramón, Eladio y Juan Jiménez, "Chón" y Cornelio conocen los cerros de San Francisco, constatan la calidad de las tierras y las inmejorables condiciones climáticas. Le gustan las tierras y no lo piensan dos veces para venirse del Bariquí para Aroa.
Los Jiménez, al igual que como lo hacían con todo coriano que quería emigrar, le dan todo el apoyo a los Corona y a Julio Rodríguez para su venida a Aroa.
En 1925, a su regreso a El Bariquí, Cornelio Corona contrae matrimonio con María de las Nieves García, hija natural de Alejo Petit Hernández, nieta del viejo Alejo Petit González y bisnieta de José Isidoro Petit, uno de los fundadores del pueblo.
Así llega 1926, año en que "Chón" Corona y "Tía Nin" con sus primeros hijos pequeños, Cornelio Corona recién casado con su flamante esposa María de las Nieves García de Corona, prácticamente en plena luna de miel y Julio Rodríguez junto a otros seguidores, salen de El Bariquí rumbo a Aroa a comenzar una nueva vida en un mundo recién conocido.
El viaje fue hecho en una larga caravana de burros y bestias caballares cargadas con bojotes, mujeres y muchachos chiquitos. Los hombres se turnaban para ceder el puesto a las mujeres y caminantes mas agotados.
El camino era un hilo en medio de una montaña cerrada de lado y lado. Los punteros de la larga caravana no veían a los últimos hasta llegar la tardecita cuando acampaban para pasar la noche. Era entonces cuando las mujeres se bajaban de las bestias, trastabillando y estirando sus acalambradas piernas, fondillos y cinturas por lo rígido del asiento y lo tortuoso del largo e interminable camino.
Los Jiménez por su parte, se vuelcan con todo un personal de corianos a recibir en el cruce del Río Tocuyo a la gran caravana de caminantes bariquiseros entre los que se encontraban sus primos, los Corona. Ellos llevaban bestias descansadas para transportar gente en el último tramo del camino hasta Aroa, cargadas con abundante agua, comida y pertrechos para cacería, tales como Escopetas y Cápsulas.
En un pase de río, cuando se esta produciendo el transbordo de los emigrantes corianos de una orilla a otra del Río Tocuyo y cuando aún quedaba gente por pasar, surgió un impasse entre los canoeros transbordadores y Ramón Jiménez quien se había encargado de tramitar todo lo referente a condiciones y precios. Al parecer los canoeros querían aprovecharse de la situación y cobrar más de lo que inicialmente se había acordado, aduciendo que estaban cansados y que ya no podían seguir pasando gente. Se produce un pequeño forcejeo entre las dos partes y en medio de una tensa calma, no se vislumbra un arreglo pacífico entre los que discutían y que ya comenzaban a alterarse.
Cerca del grupito merodeaba Cornelio Corona que, disimuladamente se había percatado del problema que se había presentado con los canoeros alzados.
Sin ser notado se acerca al grupo y con toda la naturalidad del mundo, la cara más seria que tenía y con la más convincente y de las firmezas, exclama:
«Pero bueno, pero es que yo soy canoero»
Todos voltean a mirar a Cornelio e inmediatamente Ramón Jiménez y todos los corianos presentes le "cogen al vuelo" la idea de Corona, como le decían, y responden todos casi a una sola voz, en supuesto tono tranquilizante:
«Ah, pero si es verdad que Corona es canoero!»
Los verdaderos canoeros desconcertados se ven las caras sin recuperarse del "balde de agua fría" que les había caído encima con la contundente salida que, supuestamente habían logrado los corianos.
Esto echaba por tierra su ventaja sobre los corianos en la coyuntura. Se sintieron acorralados ante tan seria amenaza de competencia que, no tuvieron más remedio que bajarse ellos mismos los sumos y casi tartamudeando y arrepentidos, acceder a continuar con el transbordo en las condiciones inicialmente estipuladas.
Los corianos, hasta no ver a los canoeros trabajando no celebraron en voz baja la genial ocurrencia de Cornelio que les permitió salir airosos de la incómoda situación:
«Si, Corona es canoero porque es lambucio en las canoas de los trapiches»
Decía uno haciendo estallar en carcajadas silenciosas a los demás.
«Si, el lo que hace es raspar las canoas»
Aseveraba otro atizando las incontrolables risas en voz baja de aquellos primos echadores de broma.
La disposición de los corianos hacia el buen humor, aún en condiciones desfavorablemente incómodas, era una característica que los identificaba.
Cornelio pensó y dijo lo que dijo como chiste ante los corianos pero totalmente serio ante los canoeros.
Los corianos le entendieron de inmediato y le siguieron la corriente para, después de solventar el problema, celebrar todos juntos la gracia.
Esta característica está presente en muchos corianos. En unos más que en otros se puede observar esa espontaneidad ocurrente y jocosa en las diversas situaciones que se encuentre.
La ocurrencia de Cornelio ante los canoeros fue celebrada por mucho tiempo como uno de los más graciosos cuentos (anécdotas) de aquellos viajes.
Hubo otra situación que evidencia lo afirmado en las líneas anteriores sobre el buen humor de los corianos y que ocurrió en ese mismo lugar y en algún otro de los viajes.
Julio Rodríguez, cuando iba a ser transbordado de uno a otro lado de ese mismo Río Tocuyo, resultó ser que "mareaba" con mucha facilidad por lo que, por nada del mundo, quería embarcarse en la canoa para pasar al otro lado.
La solución pensada para solventar este hecho imprevisto fue amarrarlo por la cintura con una larga soga y halarlo desde la otra orilla tal cual como quien hala un volantín y, así lo hicieron.
Ahora bien, como coriano que era, Julio Rodríguez muy poco sabía de agua por lo que, en el trayecto del cruce de aquel ancho, hondo y turbio río, tragó quien sabe cuantos buches de "agua sucia".
Cuando salió en la otra orilla, salió como loco corriendo desesperado hacia unos rastrojos cercanos, en guayuco y, todavía con la soga amarrada a la cintura.
La espontánea genialidad jocosa del coriano se pone de manifiesto cuando Juan Jiménez (Primo Juan) se dirige a su primo Cornelio Corona quien próximo a él, contemplaba lo ocurrido:
«Primo, se nos fue el novillo»
Todos soltaron las carcajadas y entre risas se oía mientras salían a auxiliar al infortunado:
«Agarren la punta del cabresto»

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8 Julio 2011

CHACA: 47 Años Presente...!

 

 

 

 

 

 

 

 

El pasado sábado 24 de Enero, Chaca habría estado cumpliendo 47 años de vida de no haber sido por aquel imponderable del destino, cuando aquella triste mañana del viernes 1º de Agosto de 1.986, cerrara sus ojos recién abiertos del sueño, frente a un volante en una cerrada curva que lo sorprendió veloz en el camino a la localidad guacareña de Yagua. La impaciencia por el reencuentro vespertino en Bariquí con su amada Ana y su pequeño Camilo, aceleró aquella máquina que no pudo detener a tiempo para alcanzar su objetivo añorado...
Contemporáneo mío, de Alexander Corona "CHANDE", de Llollo Oliva "PAULINO" (como le decía él), de "CHEO" Jiménez, de Javier Lugo (su posterior cuñado), de Noel Hernández "YACO" (QEPD), de Nelson Ruiz "NICHO", de Franklin Hernández "PAQUI" y de "TOÑO" Costero, entre otros, Chaca vivió con tanta intensidad sus escasos 22 años que hoy, a 25 años de su desaparición física, merodea retozando todavía su imponente presencia entre nuestros corazones y mentes.
Chaca sigue presente en cada reunioncita en La Plaza, en El Hondo, en Chátira, en el Estadio, en La Pista o, en la carretera. El está donde se haga una vaca para comprarla o se destape una botella para comenzar una parranda, donde pase una muchacha bonita que obligue al necesario y merecido piropo, o donde se prenda un baile que amerite el diestro bailador, cuando se planea un viaje para La Cueva o para El Río, para La Trinidad o Cumarebito, donde se planifique la aventura o salte espontánea la broma sana o la maldad bien intencionada.
Junto a Chande y Cheo, Chaca completaba la trilogía base de "LA PANDILLA DE LOS CHÉ", un grupo de adolescentes que, hace 22 años los unía un solo ideal: Echar la Vaina pareja... Una razón de ser: Divertirse... Un solo objetivo: Gozar un puyero, como dicen. Esa pandilla planificaba una excursión a La Cueva o, más allá, al Rio, a Güiní, a La Trinidad, viviendo la emoción de incursionar en zonas desconocidas.
A esa pandilla nos llegamos a incorporar Paulino, Yaco, Javier, Nicho, Toño Costero, Tulio Ramones, Juan Luis, Paqui, y Yó, entre otros que me van a perdonar no recuerde exactamente ahora.
Pero, entre toda esa pandilla, había una personalidad que destacaba sobre las demás, la de Chaca. Y era que él reunía varias características que ninguno de los demás teníamos... Por ejemplo, Chaca manejaba carro desde pequeño, lo cual le daba el acceso a un vehículo (aquel clásico Jeep Willys verde de León, parecido al de Perucho Corona). Esta condición le daba a Chaca un estatus especial. Sobresalía de los muchachos de su edad, trataba y era tratado por la gente vieja con especial deferencia y respeto y entablaba sin complejos conversaciones con la gente mayor.
Chaca era hijo de León, dueño de uno de los bares del pueblo y eso lo convertía en el "compañero de parranda ideal", no solo por el eventual financiamiento etílico (cosa que hizo innumerables veces), sino por la disponibilidad inmediata del preciado líquido a la hora que lo exigiera la circunstancia. La hora no era problema... "Ya vengo", decía y al poco rato se aparecía en la oscurana, "Pecho Cuadrado" en mano y volvía a seguir la parranda.
Chaca, además de enamorado era un tremendo bailador. Junto con Yhonny Castillo, eran una especie de Travoltas de aquel momento. Mientras Chande y Yó, a cual más sordos, incursionábamos en la danza, en aquellos bailes casi clandestinos en la casa de Agapito Cruz, donde casi todos los sábados celebraban la postura de la luz eléctrica y en donde no quedaba rincón de aquel piso de cemento, que no recorrieran nuestros torpes y desorientados pasos, Chaca y Yonny, cada quien con su pareja, muchísimas veces Yeya, deslumbraban a propios y extraños con sus complejos pero sincronizados pasos y figuras de baile en La Pista. Por cierto, Chaca no se ufanaba de la abismal diferencia entre su destreza en el baile con la mía y la de Chande, al contrario, compartía con nosotros como cualquier otro la abarrotada pista de baile agapitera.
En asuntos de amores, Chaca respetaba los sentimientos y las decisiones de cada quien. Particularmente, conmigo fue leal confidente en la "jembriaura". De hecho, cuando su relación sentimental con Ana estaba ya establecida, propició que yo estableciera una similar con una prima hermana de ella, claro está, no con la misma intensidad ni el mismo resultado que él.
Es muy fácil recordarlo porque sigue presente en las cosas simples y llanas de la vida diaria y, por lo tanto, sigue vivo porque, solo muere quien se olvida...

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8 Julio 2011

Día de Dolores y sentimientos encontrados

Dolores de parto abriéndose paso la vida, dolor por la muerte de un ser querido que, deja la vida y pasa a la inmortalidad. No se cual será mayor que el otro, ignoro cual será mejor que el otro si es que se pudiera escoger entre ellos.
Un mismo día de dos años diferentes y distantes, dos dolores diferentes en diferentes personas...
Un dolor seguido de una gran alegría, otro dolor seguido de mucha pena... Un dolor apaciguado por un llanto del fruto de un vientre, el otro dolor, inconsolable que, solo el tiempo en su devenir podría atenuar.
Solo algo en común, dos grandes personas, hombres ambos, tío y sobrino entre ellos, pregoneros y practicantes de la unión y la fraternidad familiar.
Infinita paz, tranquilidad y descanso en donde estén como retribución a su obra, a su ejemplo y a sus frutos...
Solo muere quien se olvida...!
Un dieciséis de septiembre, ciento ocho años atrás, en el amanecer del Siglo XX, en un humilde hogar falconiano, en algún punto del actual Municipio Zamora del estado Falcón, los dolores de parto cesaban en una sudorosa parturienta que daba a luz su segundo hijo varón y cuarto de su continuación...
La parturienta, Ana o "Anita" Olivetti Petit, el neonato, bautizado como Cornelio de los Dolores Corona Olivetti, hijo de un orgulloso padre llamado Ramón Donato Corona Hernández.
Antes que Cornelio habían llegado Francisca, Carmelita y Bruno Ramón en los últimos años del Siglo XIX. Después de él llegaría Adelina, cariñosamente llamada desde entonces y hasta el fin de sus días, Nin.
Pocos años después de nacer Nin, quedarían huérfanos y fueron repartidos los pequeños entre los tíos maternos para la crianza que faltaba. Cornelio fue a parar a la casa de su tío Ildefonso bajo la cercana tutela de sus hermanas mayores.
A los veinticuatro años ya con su novia lista para casarse, Cornelio hace un viaje de reconocimiento desde El Bariquí a Aroa, atendiendo la cordial invitación de sus primos, los Jiménez: Juan, Eladio y Ramón, quienes habían emigrado al Yaracuy en el año doce y en donde ya gozaban de una buena posición económica, tras huir de la terrible hambruna que sufrió falcón aquel fatídico año.
Regresa a El Bariquí y ese mismo año se casa con la Nieve de su Cumbre y se regresa a Aroa a establecerse y comenzar la nueva vida en aquellas tierras recién conocidas. En plena luna de miel con su flamante esposa, María de las Nieves García, se viene en 1.925 y se establece provisionalmente en una vivienda facilitada por sus primos Jiménez y después se establece formalmente en la serranía de Aroa, en un sitio que los corianos bautizaron como San Francisco, con una geografía muy parecida a Buena Vista de la Sierra de Coro, y que los aroeños identificaban como El Cerro de los Corianos. Allí constituiría su hacienda cafetalera llamada Los Palmares (por el tipo de techo de las casas) en una zona donde abundaba mucho la palma de Casupa, por lo que a ese sector lo denominaron Casupal, a unos cinco kilómetros al suroeste del pueblo de Aroa..
Un año después nacería su primer vástago, Juan Bautista, poco después llega Sara María y el 11 de agosto de 1.931 su segundo varón a quien llamó José Elías. Posteriormente nacerían Ana Isabel, Jose Cornelio "Chato", Maria Margarita "Mingue", Amado, Adiel, Salomón "Monche", Saul "Chule", Hercilia "Chila" y finalmente Jamin.
En 1.946, después de abandonar los Cerros de Aroa y estando dedicado de lleno al cultivo de plátanos en las vegas del Río Aroa (en Cupa, Cararapita, etc.), encabeza la histórica expedición hacia territorio virgen del Yaracuy (al sur este de Aroa) que culmino con el descubrimiento y fundación de los pueblos de Los Ureros y Carabobo. En esta gesta expedicionaria lo acompañaron sus hijos Juan y Elías, sus sobrinos Ernesto, Laureano, José del Carmen "Checame" y Benedicto (hijos de si hermana Francisca, "Chica"), su amigo y paisano bariquisero Salvador Costero junto a Bruno Cruz, Gregorio Salcedo, Juan Vásquez y Mario Lugo.
Allí en Carabobo se establecería hasta emigrar a Valencia en los años sesenta (en el Barrio Atlas) donde alterno la agricultura con el comercio. Él vendía retazos de tela y prendas de vestir en Carabobo comprándolas al mayor en Valencia.
Un gran padre de doce hijos ejemplarmente criados, como abuelo: amoroso y tierno pero exigente de la disciplina, cómplice en tretas infantiles pero cuidador de la rectitud moral, sabio y paciente consejero y excelente contador de historia bíblica y de las cosas de Dios sin el acoso para la conversión obligada. Hombre a carta cabal cuando las circunstancias lo exigían y en el momento que se lo reclamaran.
Indiscutiblemente, nuestro gran tronco familiar y el mejor ejemplo a ser imitado.

Después de vivir ochenta y dos años Cornelio y fallecer el ocho de febrero de 1.983, transcurrido un año, cinco meses y ocho días, otra clase de dolor se agolpa en los pechos de todo aquel que recibió la noticia, en medio de una gran consternación por la muerte súbita, inesperada e inaceptada de Perucho Corona, en lo alto de la Sierra de Coro, en otro de los tantos viajes en la reconquista de nuestros orígenes, en la reconquista de La Sierra.
Sin escapar al dolor, su primo hermano y gran declamador de poesías, Ernesto Petit escribió entonces una cuarteta para que otro escribiera las décimas...
Murio Perucho Corona
enfrente de Buena Vista...
Era muy buena persona
pero, ya estaba en la lista.
Perucho o Pedro Pablo Corona Petit, el segundo hijo varón de Bruno Ramón Corona Olivetti y Maria Josefa Petit Petit, Nacido el 27 de Julio de 1.928 era un hombre con una regia presencia y una personalidad con peso propio. De muy pocas sonrisas pero autentico, solidario, familiar y de gran sensibilidad social.
A Perucho lo acompañaban, en este viaje a Buena Vista de la Sierra, posesión de la familia desde antes de 1.912, y que por ese año de 1.984 era inspiración de viajes de reconquista, sus hermanos Chema y Clemente, su cuñado Julio Silvestre y su coterráneo y primo Jerónimo Hernández. Era el viaje número treinta de Perucho a La Sierra.
Intentando emular algún compositor de mediana estatura, en 1.984 traté de escribir unas décimas en glosa con la cuarteta de Ernesto, pero no lo logré. Escribí solo dos y acá se las muestro:

La familia ha perdido
todo un valor ejemplar,
de su tradición un pilar
por todos reconocido.
Él había emprendido
junto con otras personas,
rescatar una gran zona
donde nació nuestro origen
y, en cuyo camino virgen,
murió Perucho Corona.

Su espíritu emprendedor
lo llevó a la gran montaña,
repitiendo él esta hazaña
treinta veces sin temor.
Se cargaba de valor
al contemplar optimista
a estas tierras provistas
de riquezas para vivir
más, nunca pensaría morir
enfrente de Buena Vista.

Tuve el honor de mostrarle estas décimas en vida a Ernesto Petit en presencia de Laureano, una vez en casa de esta ultimo y, después de de decirme que "taban guenas" me dijo inmediatamente:

A muchacho pa pendejo
ese que es hijo de Elìas,
queriendo envainà a los viejos
componiendo poesias

Inolvidable es la estrecha amistad de Perucho con Ramón Oliva con quien formó una gran llave que mucho ayudó a conseguir beneficios para el pueblo y la comunidad bariquisera.
Perucho casó con Clara Lugo Jiménez y tuvieron a Peruchito, a Yadira, a Rene (Neco), a Nelson (Nana), a Ana (Linda) y a Claritza. Perucho tuvo además, con Isidora Reyes a Cesar, quien por cierto tiene extraordinario parecido físico con su padre.
Perucho, desde su oficio de Chofer de Plaza en Cumarebo, se relacionó con la sociedad zamorana a todos los niveles, cosa que se evidenció con la multitudinaria asistencia a su último adiós, el diecisiete de septiembre de 1.984.
Cada vez que estoy a que Tincho esperando carro para El Bariqui, me parece ver venir aquel clásico Jeep Willys verde con cajón maletero o aquel posterior Toyota techo duro también verde con Perucho al volante, con el infaltable tabaco oloroso echando humo, como tantas veces lo vi en mi infancia. Después de montarse uno y pedirle la bendición, esperar el "Dios lo Bendiga" con una voz gruesa y sonora, tratando infructuosamente de acompañar el ritual con una sonrisa.
Sigues presente en la memoria de muchos... Solo muere quien se olvida!

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En medio de una preocupación por la poca difusión y conocimiento de los valores trascendentales de nuestra familia, se abre este espacio para dar a conocer por lo menos, algunas pequeñas cosas...

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