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Terra
La Coctelera

COMO UNA REPISA.

donde se ponen cosas de Familia y de pueblo, por si las quieren leer...!

8 Enero 2010

De Bariquí a Carabobo

El Bariquí: Punto de partida.

Una pequeña aldea se asoma al Siglo XX.

Por allá en el occidente venezolano. En el sediento Falcón que impotente contempla a un infinito azul Mar Caribe. Al noroeste de uno de sus actuales veinticinco municipios, Zamora, y a escasos ocho kilómetros de la capital municipal Puerto Cumarebo. Enmarcada en una zona de unos seis kilómetros cuadrados aproximadamente, con un agradable clima de diarias mañanas nubladas, constantes brisas e inclementes soles de una de la tarde. Enclavada entre cerros y faldas que mueren en suaves hondonadas y resecas quebradas y, azotada durante casi todo el año por el verano, se levanta una pequeña aldea de más de ciento treinta años de existencia llamada El Bariquí.

Su nombre es una palabra de origen indígena cuyo significado no se conoce con exactitud, aunque se podría especular al respecto, propenso a ser objeto de cualquier corrección de parte de los entendidos en la materia.

El nombre original, en lengua aborigen, de la ciudad de Barquisimeto, Capital del Estado Lara, es "Bariquí simeto" y significa "Río revuelto" o "Río Turbio". Como puede verse, parte de este nombre original, contiene textualmente la palabra Bariquí por lo que, ésta podría interpretarse como "río", "revuelto" o, una mezcla de ambas cosas.

Con este nombre también se conoce a un árbol que se da con cierta facilidad en la zona costero-montañosa de Falcón. Es un árbol que alcanza hasta unos 15 metros de altura, de frondoso follaje que brinda una sombra ideal para el refugio del inclemente sol y con un tronco robusto.

Muy probablemente, por la abundancia de este árbol en la zona, es que se halla puesto el nombre de Bariquí a un pequeño caserío enclavado en un pie de cerro, en la costa centro norte del Estado Falcón, al occidente de Venezuela.

El Bariquí que conocemos hoy, no siempre ha sido ni se ha llamado así. En sus inicios formó parte de una gran extensión de tierras que se llamó "Posesión de Tierras de Munucure y Bariquis". Esta posesión fue administrada por una junta administradora debidamente constituida para tal fin, según acta y estrictamente apegada a un reglamento estatutario debidamente discutido y aprobado en asamblea general de aderechados.

Para mediados del Siglo XIX, todo el extenso territorio donde se encuentra Bariquí, pertenecía al estado venezolano hasta que, el 11 de noviembre de 1.867, fue adjudicado al General Miguel Gil por compra que éste hizo al Gobierno Nacional.

Nueve años más tarde, en 1.876, Nicolás Gil, hermano y apoderado del antes mencionado primer propietario de las tierras, otorgó carta de venta formal de la posesión a algunos moradores y ocupantes de la misma.

Esta venta se cristalizó el 4 de abril de 1.876 siendo la misma por la suma de Cuatrocientos Venezolanos (400 Venezolanos) en favor de los Señores Prudencio Hernández, Tomás A. Rodríguez, Juan Jiménez y Francisco Petit en representación de la numerosa parte compradora.

En virtud de que los compradores era un grupo grande y cada uno con diferentes cuotas de participación, estos procedieron a través de documento público de fecha 16 de abril del mismo año a formular la declaratoria por la cual constaba que, para obtener la adquisición de las referidas tierras se hicieron los siguientes aportes:

  • Gregorio Hernández,
  • Dámaso Reyes,
  • Prudencio Hernández,
  • Teófilo Hernández y
  • Magdaleno Petit, con veinte venezolanos c/u;
  • Tomas A. Rodríguez,
  • Román Jiménez,
  • Guadalupe Jiménez,
  • Julián Jiménez y
  • Francisco Áñez, con veinte venezolanos c/u;
  • Juan Jiménez,
  • Paulino Jiménez,
  • Teófilo Jiménez, y
  • Antonio Viú a veinticinco venezolanos c/u, y
  • Francisco Petit,
  • Bartolo Hernández,
  • Bernandino Arévalo,
  • Emeterio Lugo,
  • Fernando Rovero,
  • José Olivet,
  • Francisco Olivet y
  • Gregorio Reyes, con doce venezolanos con cincuenta centavos c/u.

Buena Vista de la Sierra:

Aflora el espíritu emprendedor.

El hambre del año doce.

En el año 1912, Venezuela fue azotada por una devastadora Hambruna, causando sus mayores estragos en el occidente venezolano y siendo Falcón el estado más afectado. La terrible enfermedad fue precedida por una de los tantos veranos que se hizo más intenso y prolongado que 10 que de costumbre. La larga sequía hizo descender vertiginosamente los niveles de todas las cosechas, produciéndose la consecuente escasez de recursos en la gran mayoría de los pueblos fa1conianos.

Los habitantes de las zonas más desbastadas por el hambre y el ardiente verano que no habían muerto de inanición (Desnutridos), emigraban moribundos en desbandadas en busca de la ansiada supervivencia. La realidad era terrible y sus escenas espantosas: .. Una disecada rama de hojas verdi amarillentas servía de bastimento a cualquier caminante despavorido por calmar el hambre..., hombres, mujeres y niños eran encontrados a cada paso, de lado y lado del camino muertos par el hambre, la sed y las enfermedades sufridas por las mismas consecuencias. Pudo encontrarse incluso la espantosa escena de un niño desesperado pegado a los pezones de su madre muerta.

Los Bariquiseros vivieron en mayor o menor grado esta situación. Ellos estaban adaptados al clima y familiarizados con el irregular régimen de lluvias. Sobrellevaban de cualquier manera los duros períodos de verano. Con la llegada de los esporádicos inviernos se volcaban a la siembra para luego recoger orgullosos y agradecidos el fruto que le brindaba el bondadoso suelo, obteniendo así el consuelo para esperar, con toda la paciencia del mundo, el próximo invierno.

Eran ellos presa de esa especie de embrujo de El Bariquí que par generaciones ha amarrado a más de uno de sus hijos a su suelo y que esperen ansiosos una "nortaíta" para sembrar y otra para que se salve la siembra. Es algo así como un conformismo nostálgico que muy irregularmente era correspondido con la grata contribución de la naturaleza que, no enriquecían al Bariquiseros pero si alimentaba su estomago y fortalecía su espíritu. Esta, probablemente, sea la razón del sedentarismo del bariquisero y quizá todavía fuera así si no hubiese existido alguien que, con tajante irreverencia a esta realidad, marcara el histórico primer paso o inicio de los movimientos migratorios de los habitantes de El Bariquí.

Se trata de Francisco Petit Hernández, "El viejo Chico Petit", hijo de José Isidoro Petit Petit quien, guiado por el mismo espíritu emprendedor y aventurero que movió a su retataratataratatara­abuelo a cruzar el océano Atlántico en el último tercio del Siglo XVII, emigró con su esposa e hijos varones a un lugar del que solo se oían cuentos: Buena Vista de La Sierra.

Por todo el desértico Falcón, las noticias de La Sierra surcaban los vientos como cuentos de hadas: zona fresca por excelencia donde las cerradas y continuas lluvias no permitían distinguir estaciones de invierno y verano, temperaturas bajísimas a pleno mediodía, densas neblinas a media tarde y el suelo más generoso que pudiera concebir la imaginación del falconiano más sonador.

Ante la cruda realidad circundante tan opuesta, era difícil creer en la existencia de semejante paraíso terrenal.

En la voz popular, muy bien alimentada por la idiosincrasia del "coriano", se oían cosas de La Sierra tales como que el plátano mas pequeño que allí se daba era como el brazo de un atlético caletero y que ni el mas fornido de los hombres podía con el racimo. También se oía decir ante boquiabiertos e incrédulos oyentes, que con una concha de una yuca de la sierra se podía cruzar cómodamente y sin peligro de naufragio cualquier río o caudalosa quebrada. Según los mismos comentaristas, un saco con veinte aguacates de la sierra no podía ser cargado en el lomo más de cincuenta metros sin que cayera desmayado el cargador.

El viejo "Chico" Petit, cautivado por esos cuentos, responde al despertar del espíritu emprendedor que dentro de si se estiraba y quizá presagiando lo que podía venir y que tardo diez años mas en llegar, agarró a su mujer, sus hijos varones Teodosio, Demetrio, Eusebio, Lino y Alejo, todos sus animalitos caseros y toda clase de enseres domésticos y salió de El Bariquí en busca del paraíso serrano.

La vida en La Sierra

Una vez en Buena Vista, los recién llegados colonizadores se ubican estratégicamente en la posesión recién adquirida y de inmediato comienzan a construir cada uno sus casas de habitación y a demarcar los pedazos de tierra que cada uno debía trabajar.

De los hijos de "El viejo Chico", solo Alejo no construyó casa en Buena Vista pues, nunca llegaría a establecerse definitivamente en La Sierra, aunque si demarcó su parte de tierra, la comenzó a trabajar para luego dejarla a cargo de peones contratados. Él le pagaba por trabajarles la tierra a estos peones, quienes provenían de la misma gente que acompañó a "El Viejo Chico" en su temeraria empresa colonizadora.

Alejo continuó viviendo en El Bariquí donde siguió ejerciendo su trabajo de ensenar o adiestrar toros a moledores en los Trapiches de Caña, pero nunca dejó de tener una estrecha comunión con su familia en La Sierra. Se casó allí en El Bariquí y levantó su familia. Su esposa era su prima hermana Guadalupe, hija de su tío "Chón Petit" con la que tuvo seis hijos: Alejo, llamado "Alejito", Amado, Dominga (murió de quince años), María Josefa, María Asunción "Chona" y María de los Dolores "Lola". Fuera de su matrimonio tuvo cuatro hijos: María de las Nieves García, María Jesús "Chúa" y Eliseo Orellane.

Alejo y sus descendientes viajan constantemente a Buena Vista a visitar a sus familiares, a darle una vuelta a su posesión, a pagarle a su personal y, por supuesto, proveerse de los productos agrícolas de La Sierra, superiores en calidad y abundancia a los de EI Bariquí y todos sus alrededores.

Alejo construyó su propio trapiche en el mismo Bariquí, una vez que se produjo el éxodo a la Sierra que marcó la desaparición progresiva de los trapiches abandonados, entre ellos el de su padre, situado en la zona conocida como La Vega.

Los demás hermanos de Alejo en La Sierra se meten a trabajar de lleno con su padre la agricultura.

Demetrio compró otro punto colindante con Buena Vista llamado Caja de Agua, el cual fue bautizado con este nombre pues, en su parte baja se sentía un estruendoso ruido de cascadas de agua que cristalinas corren entre grandes piedras. Estas aguas nacen mas arriba, en el Cerro Camacho, el mismo donde se encuentra ubicada "La Cueva de El Cielito" donde a principios de 1.962 se produjo el primer bombardeo por parte de la aviación oficial contra un objetivo revolucionario por encontrarse allí la sede del Comando del Frente Guerrillero José Leonardo Chirinos" o Frente de Liberación Nacional y su brazo armado las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. Estas mismas aguas pasan, tras recorrer muchos kilómetros por debajo de ese gran puente que esta cerca de Tocópero.

Algunos de los hijos de "EI viejo Chico" ya estaban casados., algunos con hijos pequeños y otros que van naciendo allí.

La actividad agrícola en La Sierra es intensa.

Una vez establecidos en Buena Vista, "El viejo Chico" construye un trapiche y al mismo tiempo funda su Hacienda de Caña que habría de garantizarle la materia prima. Tanto la construcción del trapiche como su operación, así como todo el trabajo de cultivo de la Caña eran hechos por el mismo grupo de familiares del viejo "Chico" junto a la gente que en calidad de "peonada" le habían acompañado desde EI Bariquí.

La actividad trapichera generaría el producto más fuerte en la próspera economía de Buena Vista: La Panela. Ésta, junto a la Yuca, el Onoto y el Tabaco, eran los rubros de mayor comercialización en Cumarebo, Coro y La Vela, a donde debían ser transportados en lomo de bestias desde lo alto de La Sierra.

La Yuca era comercializada no solo como tal, sino procesada y vendida en sus derivados: Almidón y Casabe.

En Buena Vista, por cierto, se conoció dentro de la actividad de procesamiento de la Yuca para la obtención de sus derivados a un hombre que adquirió una gran fama como "rallador de Yuca" por su inigualable destreza en dicha actividad. Se trata de Serapio Jiménez, quien trabajaba para Demetrio y quien llegó a rayar en un día de trabajo, hasta las cuatro de la tarde, cuatro sacos de yuca. Esto incluía lavar y limpiar bien cada Yuca antes de rayarla. No se conoció en toda La Sierra ni en EI Bariquí, ser humano dedicado a rayar Yuca que superara ni siquiera igualara semejante índice productivo.

Otro de los productos agrícolas cultivados en regular proporción era el Café. No era este un producto fuerte de comercialización como la Panela, la Yuca o el Onoto, sino que más bien era cultivado para el consumo local y alguno que otro excedente era llevado a Cumarebo o Coro para la venta.

Por supuesto, estos no eran los únicos productos cultivados en Buena Vista, pero si los producidos a escala de explotación comercial. Todos los demás eran producidos para el consumo diario de todos los colonizadores Bariquiseros.

La generosidad del suelo de La Sierra, junto a las inmejorables condiciones climáticas y el espíritu de trabajo del "Viejo Chico" y toda su gente, se traducía en una permanente abundancia de comida en su gran casa. Todo lo que el prodigioso suelo brindaba era puesto en la casa a la disposición del que lo necesitara.

En los tiempos de los peores veranos y del gran hambre del ano doce, "El viejo Chico" abría sus brazos y recibía en su casa a todo aquel que lograba llegar con vida después de largos y tortuosos días de camino desde todos los puntos de la geografía falconiana. Paradójicamente, muchas personas murieron entonces en esa casa. Unos apenas alcanzaban a llegar y caían muertos en los patios por el hambre. Otros, llegaban en pie y, después de comer, de desplomaban muertos par el peso de la comida en su desintegrado estómago.

La fama de la abundancia de comida en la "Casa del Viejo Chico" y la gran generosidad de sus inquilinos, fue conocida a muchos kilómetros de distancia de Buena Vista y por muchos anos en la memoria de los corianos.

Demetrio Petit Hernández se casó con Francisca "Chica" Corona Olivetti (Hija de Anita Olivetti Petit, su prima hermana), por 1914 e 1915, llevándosela para La Sierra y en donde tuvieron sus dos primeros hijos: Ernesto en 1916 y Benita en ?

En el ano 1917 se ve obligado a venirse a El Bariquí para tratar de salvarle la vida a Ernesto, el mayor de sus dos pequeños hijos, quien sufría de un incontrolable ataque de lombrices. Demetrio logró que unos señores le molieran toda la Hacienda de Caña que para entonces tenia cultivada, partiendo la ganancia con ellos.

Llegó a El Bariquí en 1918 con su pequeña familia y con tres mil bolívares en el bolsillo (envidiable capital para la época) y llevó a Ernesto a Cumarebo donde al poco tiempo se lo curaron de las lombrices.

Allí en El Bariquí le nacieron sus otros hijos: Laureano Jesús en 1918, José del Carmen en 1920 y Mercedes en 1924? ..... Carmen?

En 1924, Demetrio comenzó a perder cosechas en El Bariquí y decide regresar a Buena Vista a trabajar con su familia, ahora con nuevos miembros. Para entonces Ernesto tenía ocho anos, Laureano seis, José del Carmen cuatro y Mercedes seis meses.

En el año 1925, Benita, la mayor de las hembras y muy señorita para entonces, de pronto comienza a sufrir el persistente acoso de un espanto que de noche la atacaba pellizcándola, escupiéndola y pasándole rasante por el medio de las piernas. Los ataques de este seretón se convertían en noches enteras de desvelo para todos en la casa. Según Ernesto, ello sentía llegar al caballete de la casa como un conoto que volando tropezaba sus alas. Salía entonces Demetrio con su escopeta de cacería a hacer disparos al aire para ahuyentar al espanto retumbando aquellos disparos en la silente y oscura montaña.

El Caño El Tigre:

Vuelve a emigrar el Viejo Demetrio.

Después de la breve estadía en Los Riegos, y no conforme del todo con los resultados allí obtenidos, el viejo Demetrio Petit planea ir a conocer unos terrenos que según decían eran muy buenos y que se hallaban ubicados en una región llamada El Caño El Tigre, al sur del Estado Falcón, en el Distrito Acosta, en el limite con el Estado Yaracuy.

EI que sea de aspiración

venga al Caño a trabajar,

porque es el mejor lugar

en el estado Falcón.

I

No se debe criticar

la razón al que la tiene,

el que para el Caño viene

a felicidad lograr.

Esto no es por afanar

ni por exageración,

es solo una relación

de dicha que hemos tenido.

Vengase aquí dirigido

el que sea de aspiración.

II

La base que es el café

de riqueza en Venezuela,

creo que en la nación entera

- mejor que aquí no se de.

Si preguntan el porque

se le puede ya explicar,

es propicio para criar

en la sabana vecina.

Si alguno se determina,

venga al Caño a trabajar.

III

Yo tengo mas que "deciles"

si dudas a de "quedales",

que son terrenos "fertiles"

y además son nacionales.

Produce ricos cedrales

que es elemento especial

y para familia criar

es bueno y esta probado,

estamos desengañados

de que es el mejor lugar.

IV

Quisiera pintarles mapas

de las maravillas que hay,

se da la pira y el "mai",

el ajo, cebolla y papa.

Y, si la cuenta se saca

se ve clara la razón.

En tan mala situación

de el no podemos decir,

es el de mejor porvenir

en el estado Falcón.

El Viejo Demetrio era un obsesionado con las buenas tierras  y el clima apropiado.

Cuando se hablaba de esto inmediatamente el "paraba la oreja" y si era de constatarlo el lo hacia y si era verdad, el compraba los terrenos y los trabajaba. La décima que precede a estas líneas recoge el sentir popular hacia El Caño El Tigre y las bondades de su tierra y de su clima. Dejándose llevar por la fama de las tierras de El Caño y por esos propios instintos fue que, un poco antes de 1.930 fue al Caño El Tigre a conocer las tierras, en un largo viaje de dos días a caballo en intenso galopar.

Al llegar a El Caño, el viejo Demetrio constata la calidad de las tierras y el clima e inmediatamente decide comprarlas y trabajarlas.

En el ano 1930, el viejo Demetrio compra unas cuantas matas de café y funda su Hacienda de Café en El Cano El Tigre. Con el llega su familia, su mujer, Francisca "Chica" Corona y sus primeros hijos ya maduros: Benita, Mercedes, Ernesto, Carmen y Laureano. Además de su familia, al Viejo Demetrio lo acompañaban otros bariquiseros que fueron también a probar suerte al Caño. Unos se fueron junto con el y otros grupitos fueron llegando posteriormente. Entre los nombres que acompañaban al Viejo Demetrio se hallaban Salvador Costero, Pastor Jiménez, Juan Pío Hernández, Manuel Vicente Álvarez, Concepción Oliva, Segundino Olivetti, Pedro Antonio Camargo, José Rafael Dávila, etc.

Muchos de ellos regresaron a El Bariquí al no gustarle la cosa en El Caño tales como fueron Pastor Jiménez, Juan Pío Hernández, Manuel Vicente Álvarez, Segundino Olivetti y Pedro Antonio Camargo, entre otros. Entre quienes si se quedaron allá en El Caño y que, incluso, habrían de acompañar al Viejo Demetrio hasta Aroa, figuraban Salvador Costero y su, posteriormente yerno, José Rafael Dávila (caso con Chayo).

El viaje al Caño El Tigre

El Caño El Tigre era una región con unos caseríos muy pequeños. Estaba dividida por una fila que la partía en dos: una región al norte donde un caserío llamado Palma Sola, de clima frío, rodeada de grandes haciendas de café y otra región al sur de clima cálido donde no cultivaban el café por ser tierras montañosas y en donde había un caserío llamado Guarataro.

Saliendo de El Bariquí, pasando Culebra Verde, Quiragua, San Rafael, los viajeros seguían buscando las Vegas del Río Grande y llegaban a Moturo, un sitio de río con una o dos casitas. Seguían hasta salir a Taguaquí y allí mismo estaba Píritu. Acá en Píritu se paraban los arrieros de las grandes caravanas. Al salir de Píritu, a escasos kilómetros estaba Chimpire y un poco más allá, un sitio llamado Los Yerbales formado por unos grandes pajonales donde antes existieron viviendas. Enrumbándose mas al sur llegaban a un lugar conocido como La Berrenda y después llegaban a El Paso de La Piedra. Esta era una quebrada que en tiempos de creciente era muy peligrosa para cruzarla par lo caudaloso de sus aguas. Después de cruzar esta quebrada tenían luego que cruzar el Río Hueque, en donde había un antiguo puente de madera para el paso de bestias. A menos de cien metros del Rio Hueque tenían que cruzar el Rio Hupipe para luego tener que caminar por una extensa sabana en donde no se divisaba un solo montecito sino un interminable horizonte de Jajato.

En medio de la planicie se pasaba por las ruinas de un pueblo antiguo llamado Carorita, luego estaba una parada de arrieros Hamada Marificare. Después de aquí, el resto de la planicie era llamado Sabana Grande. Al cruzar esta planicie, a mano izquierda de los caminantes se observaba a lo lejos y en lo alto el pueblo de Jacura.

Después de Sabana Grande se encontraban con Caño Atencio, un gran caño en donde había una posada muy conocida de una llamada Lina Lugo. Después de caminar otro pedazo de sabana se encontraban otra caudalosa quebrada llamada El Jobal que por su forma de caracol tenían que cruzarla dos veces.

Al llegar a Caño Atencio, a la derecha de los caminantes y a lo lejos se divisaba una serranía. Un pequeño cerro llamado El Mosquito que al morir daba paso a otro mas grande que lo continuaba. Este último era llamado Cerro de Galán y en cuya cima se levantaban imponentes dos picos rocosos llamados Las Tetas de Humare. Al pie de este cerro podía verse a lo lejos Los Riegos.

Después de cruzar la quebrada de El Jobal se llegaba a otro sitio de caño en donde había otra posada de arrieros llamada Los Altos de Chicaramoa. Después se pasaba la Sabana Caobal, El Guarabal, La Quebrada de El Paují, El Paso de la Arena y Tacamire. Desde acá se veía al frente ya la serranía.

Adentrándose a esa serranía se llegaba a La Cruz del Medio en donde vivía un tal Ramón Arévalo "El Chingo", hermano de Nicolasa Arévalo.

Después estaba La Montaña, un caserío regular en donde existía un cementerio y antes de llegar al siguiente caserío que era El Chinchorro, se debía cruzar el Rio de La Montana, El Paray, donde funcionaba un trapiche de un "matador de gente" llamado Teofilo Castillo, y, por ultimo una caudalosa quebrada llamada El Peregrino.

Saliendo de El Chinchorro se comenzaban a ver las haciendas de café. Se pasaba por unos sitios llamados La Mata de Cambure y la Entrada de El Jer, antes de llegar a Los Ojos de Agua que era donde comenzaban las haciendas cafetaleras. Lo que seguía era llegar a Palma Sola que era llegar al Caño El Tigre.

Este viaje era hecho por los arrieros en tres o cuatro días. En viajes de familia eran tres días y en viaje de escotero (particulares) dos días. La duración dependía de las paradas. Los arrieros hacían tres y cuatro paradas siendo la primera en Píritu, mientras que en un viaje particular podía ser en Marificare, pasando Píritu al mediodía.

Durante las paradas los arrieros dormían a plena sabana en sus chinchorros colgados.

Acomodaban sus cargas y las tapaban con lonas y luego colgaban sus chinchorros. En algunas paradas hasta soltaban los burros y otras bestias para que comieran. Los arrieros no madrugaban, sino que esperaban que aclarara para aperar.

Las otras paradas no eran fijas. Dependía de los arrieros, de lo rápido que avanzaran. En todo caso, siempre anochecían en Marificare, Chicaramoa y La Montaña.

AROA:

La cuarta emigración del Viejo Demetrio.

El éxodo continúa...

La emigración hacia Aroa de los bariquiseros que vienen vuelta de Buena Vista, Los Riegos y el Caño El Tigre, vale decir, el viejo Demetrio y sus seguidores, fue precedida por otras migraciones de bariquiseros que se vinieron directamente sin establecerse en puntos intermedios. Se trata de Los Jiménez y de Los Corona, quienes emigraron a Aroa en los años 1912 y 1926, respectivamente.

El viejo Demetrio Petit Hernández y su gente llegarían a Aroa desde Caño El Tigre en el año 1942.

Todos los inmigrantes que llegaban a Aroa procedentes desde diversos puntos del Estado Falcón eran llamados por los aroeños simplemente corianos, aunque la mayoría venían de El Bariquí y sus alrededores: Cumarebito, La Ciénaga, Sacuragua, etc.

Emigración de los Jiménez y la fama de los corianos en Aroa.

Los primeros Bariquiseros en emigrar a Aroa fueron los Jiménez: Ramón, Eladio y Juan.

Estos tres varones junto a una hembra llamada María Higinia, eran los cuatro hijos de Antonia Olivetti Petit viuda de Jiménez. Antonia era hija de Nicolasa Petit González y Francisco "Chico" Olivetti y, por lo tanto, nieta de José Isidoro Petit Petit, el co-fundador de El Bariquí. Antonia era hermana de Ramona, Micaela, Anita, María Higinia, Candelaria, Ildefonso, Quintín, Jaime, Juanita, Carmen e Isaac. Es decir, Ramón, Eladio y Juan venían siendo primos hermanos de Miguelito (hijo de Ramona), de Bruno, Cornelio y Adelina "Nin" (hijos de Anita) y primos en segundo grado de Encarnación "Chón" Corona (hijo de Francisco "Chico" Corona) y de los hijos del viejo Francisco "Chico" Petit (Demetrio, Teodosio, Lino, Eusebio, Alejo, etc.) Todos venían siendo bisnietos de José Isidoro Petit Petit.

Poco antes de 1912, llegó a El Bariquí un hombre llamado Lope Pérez Álvarez, de la familia Álvarez de Cumarebito, quien venia vuelta del estado Yaracuy a donde había emigrado años antes y en donde gozaba de una muy buena posición económica. Lope Pérez era uno de los hombres más ricos y acomodados de los cerros de Aroa. El estaba establecido en un punta de La Sierra de Aroa llamada Bucaral en donde tenia una gran hacienda con extensos cafetales. También era propietario de una gran cantidad de cabezas de ganado. La fecha de emigración hacia Aroa de este Cumarebitero es desconocida.

En un viaje de placer o tal vez de negocios a Puerto Cumarebo, Lope Pérez llega a El Bariquí en donde hace contacto con los Jiménez y en donde conoce a una hermana o prima hermana de éstos de la cual se enamora y con quien posteriormente se casa llevándosela a vivir a Aroa.

Viviendo Lope Pérez en Aroa con esta Jiménez, son visitados por sus cuñados teniendo así la oportunidad de conocer Bucaral, Los Cerros, y el antaño pueblo de Aroa. Fueron varios los viajes hechos por los Jiménez en los que se dan cuenta de la calidad de las tierras, del excelente clima y del próspero progreso de Lope Pérez con la siembra y comercialización del Café.

El primero que toma la firme decisión de venirse de El Bariquí para Aroa es Ramón Jiménez y lo hace en el año 1912, año en que el estado Falcón era víctima indefensa de la terrible hambruna. El se viene y, poco a poco arrastra a sus hermanos y primos. Los Jiménez se van estableciendo en una zona de la Sierra de Aroa, próxima a Bucaral, a la cual llaman San Francisco.

Aroa esta asentada al pie de una Sierra del mismo nombre, al norte geográfico de esta. Es bordeada por la Quebrada de las Minas, la cual nace en la Fila de Aracal, entre el Cerro Las Mercedes y el Cerro El Tigre, en el punto más alto de la Serranía. La Quebrada de Las Minas baja hacia Aroa en sentido Sur-noroeste, pasando por Los Bacos, Agua Blanca, La Horqueta, Las Minas, la parte baja de las Titiaras Altas hasta llegar a Aroa para desembocar un kilómetro mas al norte en el Rio Tupe. Este río desemboca a su vez, unos tres kilómetros más al noreste en el Río Aroa, principal río del Estado Yaracuy. Toda esta región al norte de Aroa, alrededor del Río Aroa y todos aquellos que en el desembocan es llamada Las Vegas de Aroa.

Al sur de Aroa, al pasar la Quebrada de Las Minas, toda esa zona cercada por esta, al norte de la Fila de Aracal y al este de la Fila de Tierra Fría, fue llamada par los inmigrantes falconianos San Francisco y denominada por los aroeños El Cerro de los Corianos. Allí estaba Bucaral donde se estableció Lope Pérez, Quebrada Honda donde se estableció Miguelito Jiménez, estaba además Santa Rosa, Altamira, Lagunita, Purupural, Tierra Fría, Las Parchitas, Los Bacos, La Horqueta, El Píritu y El Silencio, pero que los corianos simplificaban como San Francisco: EI Paraparo, Buena Vista (tal vez en homenaje a Buena Vista de la Sierra de Coro), La Cumbre y Quebrada Honda (Quebrahón en boca de ellos).

Según versiones, San Francisco tenía cierta similitud geográfica con El Bariquí, es decir, llegó a ser un pequeño caserío enclavado entre cerros y faldas pero con un clima mucho más frío y rodeado de grandes cafetales.

Dentro del mismo San Francisco se llegaron a conocer nombres dados a diferentes sectores tales como El Cinc, Los Palmares, etc. Este nombre era de uso local entre los corianos y obedecía al tipo de techo de las casas construidas en esos sectores. En una de las filas, Ramón Jiménez construyó una casa can techo de láminas de Cinc y como era la única además en todo San Francisco, esa fila se llamo así: La Casa del Cinc, a secas, El Cinc. El resto de las casas de San Francisco tenían techo de palma por lo que hubo un sector de varias casas que se llamó Los Palmares.

San Francisco era habitado por puros corianos quienes fueron llegando atraídos por las noticias que llegaban a El Bariquí sobre lo bueno de las tierras, su clima y el pujante progreso que rápidamente alcanzaron los Jiménez.

La Teoría sectaria de ELIAS CORONA.

La Quebrada de las Minas era una especie de "Muro de Berlín" que separaba al antaño pueblo de Aroa de San Francisco. Con respecto a esto, existe una teoría diseñada y sostenida por Elías Corona de que los corianos no querían "ligarse" con los aroeños porque "no conchupaban" y por eso se establecieron estratégicamente al margen de estos. La estrategia que guiaba a los corianos era, según Elías, que como ellos eran gente de trabajo y habían venido de tan lejos a Aroa a trabajar, se ubicaban en el mismo sitio de trabajo. El aroeño por tradición es flojo para el trabajo duro y a gran escala. Esto explica el hecho de que la mayoría eran bodegueros y los temerarios que se atrevían a cultivar la tierra, lo hacían muy discretamente en pequeños huertos caseros o reducidos sembradíos (la gran mayoría de Ajos). El coriano, por el contrario es aventurero, se mueve y es muy unido. El solo hecho de venir de tan lejos es motivo de admiración. Se le respeta por lo bravo para el trabajo más duro y lo valiente para una pelea. A cualquier coriano, por mas flojo que fuera, lo rodeaba una "fama de hombre apretao". Los cuentos que se oían de violentas peleas a cuchillo, machete y plomo en Churuguara y otras partes, las historias de tiempos de independencia de un General Laclé de Coro quien, después de vencer al enemigo en fieras peleas, le quitaba la cabeza, le abría un hueco en la oreja, la ensartaba con el dedo y la cargaba guindando como cargar una cabeza de cochino y, ya mas recientemente, las historias de las luchas gomecistas de Rafael Simón Urbina, reforzaban esta creencia.

El aroeño no se molestaba en constatar esta fama sino que más bien la admiraba y la divulgaba reforzándola por generaciones. He ahí su diferencia, sostiene Elías.

El "Muro de Berlín" que constituía La Quebrada de Las Minas fue una frontera creada en la mente de los aroeños a la luz de la fama de los corianos, y que demarcaba o diferenciaba al Cerro de Los Corianos del Pueblo de Aroa.

En el camino que une a Aroa con el Cerro de San Francisco, exactamente en La Quebrada de Las Minas, cerca de El Paraparo, había un gran palo caído que establecía, físicamente, para los aroeños esa frontera. De ahí hacia el cerro mandaban los corianos y de ahí hacia abajo vivían los pacíficos aroeños y se comenzaban a conseguir entonces bodeguitas y los pequeños sembradíos de Ajo cultivados por la clase de los menos pudientes pues, los mas acomodados eran dueños de grandes bodegas y surtidas tiendas en las calles mas céntricas del pueblo.

Cuando un muchacho bajaba de San Francisco a hacer cualquier mandado en las bodeguitas cercanas al Paraparo, ningún muchacho aroeño se metía, ni por equivocación, con el. Todos sabían que era hijo de Don Fulano, de allá, de los corianos. Lo mismo ocurría en la Escuela de Carampampa donde podían pelearse entre si cuanto muchacho quisiera pero a los hijos de los corianos que allí estudiaban, ni por error se les involucraba. Jamás se le llegó a perder en la escuela a ninguno de los hijos de los corianos una sola metra ni siquiera una chapa.

Una vez, Cornelio Corona bajó de San Francisco a la bodega más grande que mas cerca estaba de El Paraparo, propiedad del viejo Cesar Curet, un musiú grandulón y fornido, a comprar un machete. Para probar la calidad del producto, el viejo Cornelio pandeaba el machete de lado y lado y veía si recuperaba su forma original. El que se enderezaba era bueno y si no, no satisfacía los requerimientos del cliente.

La inquietud del bodeguero iba creciendo a medida que se le iba esterando el mostrador de machetes torcidos sin que hubiera uno que satisficiera al exigente cliente. Cuando ya le había pandeado más de siete machetes, el viejo bodeguero monta en cólera y estalla en un sartal de insultos contra el indeciso cliente. Cornelio Corona, aunque era evangélico reaccionó no menos violento que el viejo Curet. Su temperamento era fuerte pero sabía controlarlo. El era muy "volao" y al mismo tiempo la maldad la cargaba a flor de piel. El había logrado ya su cometido que era ver furioso al viejo bodeguero y solo era cuestión de salirse dignamente de la situación.

En el fragor de la lucha verbal, Cornelio saca de su cintura una larga y filosa Cuchilla con cacha de Clavos de Cobre que siempre le acompañaba. A los dos adversarios los separaba un ancho mostrador sobre el cual casi se acostaba Cornelio desde su barriga y a todo lo que le daba el brazo extendido, tirándole rasantes puñaladas sobre el asustado bodeguero quien ya no hallaba que mas arrimarse al otro lado contra los estantes repletos de mercancía, tratando de esquivar las furiosas envestidas del, aparentemente, enardecido coriano. En medio de la supuesta furia, mientras embestía una y otra vez al barrigón bodeguero, Cornelio calculaba el tiempo que se tomaría en llegar la policía a solventar el escándalo público que se había formado, para así él irse de la bodega. Él sabía perfectamente que lo llevarían preso por haber sacado a relucir un arma blanca. Cuando se fue Cornelio de la bodega, al viejo Curet no le quedó más remedio que ponerse a tratar de llevar los machetes torcidos a su forma original en medio de una retahíla de insultos y refunfuños.

Poco después, entra en la misma bodega Julio Rodríguez, también de San Francisco, a hacer unas compras y, sin saludar siquiera al recién llegado cliente, el furioso bodeguero le pregunta en tono áspero e intimidante: «¿Usted no será como uno que se acaba de ir de aquí?, un hombre malcriado»

Sin esperar respuesta alguna, vuelve a interrogar: «¿Usted no será coriano?, ¿De donde es usted? »

Julio Rodríguez, paralizado por el desconcierto, sin atreverse a aumentar la furia del viejo y para evitarse inminentes represalias en su contra si reconoce su origen, responde asustado: «No, yo soy de Sacuragua»

EI viejo frunció el ceño delatando su absoluta ignorancia sobre el significado geográfico de la respuesta, no teniendo más remedio que, asentir con la cabeza y desconcertado volver a sus refunfuños.

Sacuragua es un pequeño caserío cerca de El Guanábano, en el Distrito Zamora del Estado Falcón, unos treinta kilómetros al sur de El Bariquí.

Julio Rodríguez por su parte respiró tranquilo felicitándose por la acertada respuesta que espontáneamente se le había ocurrido y que le había permitido salir airoso de la comprometedora situación.

Ya un poco más tranquilo y libre de toda sospecha, Julio Rodríguez interroga al bodeguero: «Mire, ¿Y, cómo era ese Señor?» Este le respondió: «Un hombre alto, con bigote recogido en la nariz, con sombrero ala caída para todos lados y con bruza de Kaki... ¡Cargaba un cuchillón de este tamaño!» Puso el dedo índice estirado de su mana derecha apuntando a la mitad de brazo izquierdo extendido.

Julio Rodríguez, que atento escuchaba la detallada descripción que daba el bodeguero,  reconoció de inmediato al protagonista y se dijo así mismo: «Este es Corona» Al verlo pensativo, el bodeguero le pregunta: «Y, ¿Usted lo conoce?»

Sin ningún titubeo, Julio Rodríguez se arropa en la complicidad y responde tajante: «No Señor, ¡Yo no lo conozco!»

La emigración de LOS CORONA

A El Bariquí llegaban constantemente las buenas noticias de la prosperidad de los Jiménez en Aroa y, en 1925, ante una cordial invitación entre tantas hechas por los Jiménez a sus primos, los Corona, hacen un viaje de reconocimiento: Encarnación "Chón" Corona Petit, y Cornelio, acompañados por Julio Rodríguez. "Chón" tendría unos treinta años y ya se había casado con Tía Nin en 1921, mientras que Cornelio, con veinticinco años a cuestas, permanecía aun soltero.

A los invitados les fueron brindadas todas las comodidades y las mejores atenciones.

Conocen todos los cerros de San Francisco, constatan la calidad de las tierras y las inmejorables condiciones climáticas. Le gustan las tierras y no lo piensan dos veces para venirse del Bariquí para Aroa.

Los Jiménez, al igual que como lo hacían con todo coriano que quería emigrar, le dan todo el apoyo a los Corona y Julio Rodríguez para su venida a Aroa.

En 1925, a su regreso a El Bariquí, Cornelio Corona contrae matrimonio con María de las Nieves García, hija natural de Alejo Petit Hernández, nieta del viejo Alejo Petit González, bisnieta de José Isidoro Petit, el co-fundador del pueblo.

Así llega 1926, año en que "Chón" Corona y "Tía Nin" con sus primeros hijos pequeños., Cornelio Corona recién casado con su flamante esposa María de las Nieves García de Corona, prácticamente en plena luna de miel y Julio Rodríguez junto a otros seguidores, salen de El Bariquí rumbo a Aroa a comenzar una nueva vida en un mundo recién conocido.

El viaje fue hecho en una larga caravana de burros y bestias caballares cargadas con bojotes, mujeres y muchachos chiquitos. Los hombres se turnaban para ceder el puesto a las mujeres y caminantes mas agotados.

El camino era un hilo en medio de una montaña cerrada de lado y lado. Los punteros de la larga caravana no veían a los últimos hasta llegar la tardecita cuando acampaban para pasar la noche. Era entonces cuando las mujeres se bajaban de las bestias, trastabillando y estirando sus acalambradas piernas, fondillos y cinturas por lo rígido del asiento y lo tortuoso del interminable camino.

Los Jiménez se vuelcan con todo un personal de corianos a recibir en el cruce del Río Tocuyo a la gran caravana de caminantes bariquiseros entre los que se encontraban sus primos, los Corona. Ellos llevaban bestias descansadas para transportar gente en el último tramo del camino hasta Aroa, cargadas con abundante agua, comida y pertrechos para cacería, tales como Escopetas y Cápsulas.

Cuando se esta produciendo el transbordo de los emigrantes corianos de una orilla a otra del Río Tocuyo y cuando aún quedaba gente por pasar, surgió un impasse los canoeros transbordadores y Ramón Jiménez quien se había encargado de tramitar todo lo referente a condiciones y precios. Al parecer los canoeros querían aprovecharse de la situación y cobrar más de lo que inicialmente se había acordado, aduciendo que estaban cansados y que ya no podían seguir pasando gente. Se produce un pequeño forcejeo entre las dos partes y no se vislumbra un arreglo pacífico entre los que discutían y que ya comenzaban a alterarse.

Cerca del grupito merodeaba Cornelio Corona que, disimuladamente se había percatado del problema que se había presentado con los canoeros alzados. Sin ser notado se acerca al grupo y con toda la naturalidad del mundo, la cara más seria que tenía y con la más convincente y de las firmezas, exclama: «Pero bueno, pero es que yo soy canoero» Todos voltean a mirar a Cornelio e inmediatamente Ramón Jiménez y todos los corianos presentes "cogen al vuelo" la idea de Corona y responden todos casi a una sola voz, en supuesto tono tranquilizante: «Ah, pero si es verdad que Corona es canoero!» Los canoeros desconcertados se ven las caras sin recuperarse del "balde de agua fría" que les había caído con la contundente salida que, supuestamente habían logrado los corianos. Se sintieron acorralados ante tan seria amenaza de competencia que no tuvieron más remedio que bajarse ellos mismos los sumos y casi tartamudeando acceder a continuar con el transbordo en las condiciones inicialmente estipuladas.

Los corianos, hasta no ver a los canoeros trabajando no celebraron en voz baja la genial ocurrencia de Cornelio que les permitió salir airosos de la incómoda situación: «Si, Corona es canoero porque es lambucio en las canoas de los trapiches. Si, el lo que hace es raspar las canoas» Risas.

La disposición de los corianos hacia el buen humor, aún en condiciones desfavorablemente incómodas, era una característica que los identificaba.

Cornelio pensó y dijo lo que dijo como chiste ante los corianos pero totalmente serio ante los canoeros. Los corianos le entendieron de inmediato y le siguieron la corriente para, después de solventar el problema, celebrar todos juntos la gracia.

Esta característica esta presente en muchos corianos. En unos más que en otros se puede observar esa espontaneidad ocurrente y jocosa en las diversas situaciones que se encuentre.

La ocurrencia de Cornelio ante los canoeros fue celebrada por mucho tiempo como uno de los más graciosos cuentos (anécdotas) de aquellos viajes.

Hubo otra situación que evidencia lo afirmado en las líneas anteriores sobre el buen humor de los corianos y que ocurrió en ese mismo lugar y en algún otro de los viajes.

Julio Rodríguez cuando iba a ser transbordado de uno a otro lado del Río Tocuyo, resulto ser que mareaba con mucha facilidad por lo que, por nada del mundo, quería embarcarse en la canoa.

La solución pensada para solventar este hecho imprevisto fue amarrarlo por la cintura con una larga soga y halarlo desde la otra orilla tal cual como quien hala un volantín y así lo hicieron.

Ahora bien, como coriano que era, Julio Rodríguez muy poco sabía de agua por lo que, en el trayecto del cruce del ancho, hondo y turbio río, tragó quien sabe cuantos buches de agua sucia. Cuando salio en la otra orilla, salio como loco corriendo desesperado hacia unos rastrojos cercanos y todavía con la soga amarrada a la cintura.

La espontánea genialidad jocosa del coriano se pone de manifiesto cuando Juan Jiménez (Primo Juan) se dirige a Cornelio Corona quien próximo a él, contemplaba lo ocurrido: «Primo, se nos fue el novillo»

Todos soltaron las carcajadas y entre risas se oía: «Agarren la punta del cabresto»

Al llegar a Aroa, los Jiménez le brindan toda la ayuda en hospedaje y comida a los recién llegados. Los ubican en Casupal, mientras fabricaban sus casas en San Francisco y comienzan a trabajar.

A estas alturas, ya los Jiménez estaban en una muy buena posición económica. Las ganancias obtenidas en el negocio cafetalero eran máximas.

Los corianos comercializaban el café en Aroa. Vendían sus cosechas enteras a Jorge Moor un árabe que llego al pueblo en las mas precarias condiciones económicas y que vendiendo trapos en una maletica se hizo rico y llego a comprarle todo lo que producía cuanto productor había, no solo en Aroa, sino en muchas otras partes del estado Yaracuy. No importaba el rubro., el lo compraba y lo sacaba en los vagones del Ferrocarril Bolívar de Aroa hacia Barquisimeto y lo comercializaba allí, obteniendo las mas jugosas ganancias. Este hombre, que nadie se acuerda cuando llegó al pueblo y que perdió todo rastro de su lengua nativa y que se hizo aroeño, llegó a ofrecer 2 millones de Bolívares en aquel tiempo, para que no construyeran la carretera para Aroa parque, se ser así, obviamente perdería el absoluto dominio que tenia sobre la comercialización de todo el producto de Los Cerros y el de el Valle de Aroa. Este ofrecimiento de Jorge Moor, sirvió por cierto para que la mayoría de los aroeños, oyeran par primera vez en su vida una cantidad de bolívares expresada en términos de millón, pues lo que habían escuchado hasta entonces era de cientos de bolívares y en muy pocos casos de miles.

Ramón Jiménez: Primer Caudillo de los corianos.

Desde su llegada, prácticamente, y para 1936, entre los Jiménez destacaba un líder natural que era indiscutiblemente la cabeza visible de los corianos. Este era Ramón Jiménez. A su llamado acudían como un solo hombre todos los corianos. En cuestiones de trabajo a gran escala como limpiar caminos, hacer casas, desagües, tumbar montañas, recoger cosechas, etc., Ramón Jiménez era quien planificaba, organizaba, ordenaba, supervisaba y a quien todos le rendían cuenta.

A lo largo de los veinticuatro anos que llevaba en Aroa, se había hecho conocer de todo aquel que de alguna manera representaba las estructuras de poder del pueblo. Tenia estrecho contacto con las autoridades civiles de Aroa. El representaba ante los corianos la autoridad de la ley civil y, al mismo tiempo, los representaba a estos ante las autoridades civiles de Aroa.

Para este tiempo, la estructura del poder ejecutivo, descendiente jerárquicamente, era:

PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

PRESIDENTE DE ESTADO

GOBERNADOR DE AROA

COMISARIO DE SECTOR

Ramón Jiménez fungió desde 1912 como Comisario de San Francisco, inicialmente sin reconocimiento oficial del Gobernador de Aroa pero ya desde 1920, aproximadamente, si es reconocido como tal por el entonces Gobernador, el Sr. Pancho Pérez.

Cada vez que se producía un cambio de Gobernador de Aroa o alguna otra autoridad de relevancia pública, salía Ramón Jiménez, impecablemente vestido con un revolver en la cintura complementando su imponente presencia y montado en un, no menos, impecablemente ensillado "macho" y se le presentaba como Comisario de San Francisco.

Entre los corianos existió un ejército popular que estaba alas órdenes de las autoridades para ayudar en situaciones de contingencia. Casi todos los hombres de San Francisco formaban parte de ese ejército porque todos eran "hábiles y apretaos". Las armas de este ejército eran chopos caseros, escopetas de cacería, machetes, palos y cualquier otro instrumento de trabajo que presentara alguna utilidad práctica para fines de guerra. Aquel ejército reconocía a Ramón Jiménez como su máximo jefe o líder aunque eran comandados por Eladio Jiménez, a quien Ramón le había asignado esta responsabilidad por sus conocimientos de armas y preparación militar recibidas en el Cuartel tras prestar servicio militar obligatorio.

El prolongado liderazgo de 24 anos de Ramón Jiménez entre los corianos, lo iban haciendo un jefe cada vez duro hasta con los mismos corianos que constituían el campesinado de San Francisco. A medida que crece su conchupancia con las autoridades de Aroa, Ramón se va volviendo mas ajustado, más gobiernero, es decir, sobreponía sobre los intereses de los corianos, los intereses del gobierno. Este apoyo incondicional de Ramón Jiménez al gobernante de turno no era en vano pues, se llegó a rumorar entonces que al morir el General Juan Vicente Gómez, el Gobernador de Aroa seria Ramón Jiménez. Esto justificaba su irrestricto apoyo y la defensa a toda costa de la causa gomecista.

Se convierte entonces Ramón Jiménez en una especie de "dictador" para el campesinado coriano y se comienzan a producir ciertos encontronazos entre Ramón y los corianos que lo secundan, entre ellos Cornelio Corona.

Un día llega a Aroa un fuerte rumor sobre una supuesta invasión de las tropas de Rafael Simon Urbina. Era 1936 y ya Gómez había muerto pero muy pocos sabían que era así. En todas partes se esperaba la susodicha invasión.

Pancho Pérez, Gobernador de Aroa, pide a Ramón Jiménez lo provea con los mejores veinte hombres que tenga en el ejercito popular para defender a sangre y fuego la Gobernación de Aroa ante las fuerzas hostiles que supuestamente avanzaban.

Inmediatamente, Ramón Jiménez se dispone a convocar a los veinte hombres solicitados por el Sr. Gobernador y se vale de mensajeros para convocar a cada uno de estos. Uno de aquellos mensajeros era Paulino Jiménez, un jovencito para entonces y a quien Ramón encomendó avisar y acompañar de regreso a los primeros corianos. La primera orden expresa fue: «Vaya a que Cornelio y Chón Corona y les dice que yo los mando a buscar porque los necesito con urgencia »

AI conocer el recado de Ramón de boca del mensajero, Cornelio respondió firme y tajantemente a este y contrariando al viejo líder: «Dígale a Ramón que yo no voy pa' allá »

Cornelio comenzó así a hacerle la oposición a Ramón Jiménez siendo seguido por otros como Chón Corona, Miguel Jiménez, Julio Rodríguez, entre otros.

Las irregularidades cometidas por Ramón Jiménez en su mandato ya habían sido detectadas por la mayoría de los corianos que lo secundaban.

El primero en hacerle oposición abierta al cuestionado líder fue entonces Cornelio Corona quien, antes de hacerlo se encargó de sonsacar al hermano de éste, Eladio, haciéndole ver la realidad de las circunstancias negativas que propiciaba su hermano en el poder. De hecho, ya Eladio sabia de los excesos de su hermano como Comisario y accede a apoyar a Cornelio. Al lograr esto, Cornelio sabe que tendrá el apoyo mayoritario y se podrá formar todo un frente de oposición contra Ramón Jiménez para cambiar ese estado de cosas.

Con respecto al Ejercito Popular de los corianos y la esperada invasión de Aroa y a propósito de la fama de los corianos, hay una curiosa anécdota:

Existió en Aroa un excelente Tallador de bateas de madera llamado Luis Mujica Clisanche. Un día, en esos mismos días de la supuesta invasión, salió Luis Mujica (El Bateero), a cortar un Candelo para tallar una batea que le habían encargado.

El Candelo es la madera por excelencia para tallar bateas. Es un gran árbol de grandes y largas raíces en forma de gruesas tablas acostadas de canto y dispersas en todas direcciones. Quizá por la forma geométrica de las raíces o por la estructura interna de la madera, el Candelo al ser golpeado produce un sonido sólido y estruendoso.

Una vez que El Bateero se encuentra en lo alto de Los Cerros de Aroa y frente a la raíz de Candelo que mejor le pareció para su artesanal trabajo, comienza a hachar el árbol para tomar de él, el pedazo de materia prima que necesitaba.

El estruendo de los hachazos invade todo el ambiente, baja cerro abajo y recorre cada rincón del Valle del Río Aroa poniendo a vibrar cuanto tímpano se atravesara en su camino. Ante el repiqueteo constante de aquel sólido sonido, aroeños y corianos se ven las caras sentenciando en voz baja el origen de aquel traqueteo galopante: «Esos son los cañones de la gente de Rafael Simon Urbina que vienen a invadir a Aroa » De inmediato el pánico se apodera de los primeros habitantes que oyeron aquellos sonidos y que se imaginaron el batallón de subversivos entrando y tomando el pueblo de Aroa, asaltando la gobernación, violando mujeres y arrasando con todo a su paso. Se corre la voz de alerta y se llama a formar, con la premura del caso, el Ejército de corianos para enfrentar a los invasores.

En un santiamén estaba formada la tropa de corianos frente a su Comandante Eladio Jiménez, armados hasta los dientes con lo poco que pudieron conseguir en tan apresurada carrera armamentista.

Mientras tanto en Los Cerros, Luis Mujica daba los últimos toques al rústico trozo de madera que en la comodidad de su casa convertiría, con la destreza de sus manos, en toda una obra de arte dentro de los artefactos domésticos de la época.

Cuando iba la tropa de corianos avanzando en perfecta formación, armados con escopetas, machetes, piedras, y palos prestos a defender la Gobernación de Aroa, y pasan por la Calle Piedra' e Tranca, se encuentran a Luis Mujica, El Bateero, quien venía silbandito, con la batea rustica abrazada sobre su hombro derecho y oscilante en su otra mano el hacha. Es entonces cuando entran en razón de lo que estaba pasando y cual era el origen de aquellos sonidos de cañones. En silencio, todos respiran tranquilos pero, en absoluto nadie dice nada sobre la explicación a aquel mal entendido. Cuando su Comandante se dispone a dar la orden para regresarse a San Francisco a retomar las actividades cotidianas, de entre los pueblerinos que paralizados contemplaban el paso de la tropa y que todavía no entendían lo que estaba pasando, se escuchó una carcajada burlona que Jose La Oz, un importante bodeguero del pueblo, quien había entendido también el origen de aquellos cañonazos que hicieron que se formara aquella tropa. Eladio Jiménez lo ve y se siente burlado su orgullo y con el de él, el de toda la tropa bajo su mando, que de manera inmediata hace que la falta de respeto sea pagada con 15 días de cárcel sin ninguna consideración aunque se tratase de un importante comerciante de la comunidad aroeña.

 Se gesta un Golpe de Timón.

Se forma entonces un frente de oposición entre los corianos que se enfrenta abiertamente a Ramón Jiménez. Esta especie de "partidito de oposición" lo encabeza Cornelio con sus seguidores Miguelito Jiménez, Chón Corona, Fulgencio Sánchez, Sinforoso Costero, "El Mocho" Fulgencio Rodríguez, entre otros y, por supuesto, Eladio Jiménez y su gente.

Surge una especie de "elecciones" entre los corianos para elegir un sucesor de Ramón Jiménez y Cornelio propone a Miguelito Jiménez como candidato del grupo que él lideraba. Tras largas consideraciones, discusiones y debates se acuerda par unanimidad erigir a Miguelito como nuevo Comisario de San Franci

servido por Eliézer 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

wilfredo petit

wilfredo petit dijo

excelente trabajo, muy completo para nosotros poder conocer un poco mas la historia de una familia tan renombrada en el occidente de venezuela

27 Abril 2010 | 04:09 AM

rafael petit

rafael petit dijo

muy buena la forma que el primo corona escojio para narar la forma que tuvieron nuestros ancestros para emigrar de la sierra de falcon a los valles de aroa.

12 Mayo 2010 | 12:19 AM

Llammy Race Millán Petit

Llammy Race Millán Petit dijo

Mi hermano, usted es un precursor para mí. La verdad recoge años de historia sobre las vivencias de la familia, y las que faltán por contar... Muchos de los descendientes de Isidoro Petit Petit, no tiene ni la más mínima idea de por cuantas aventuras ha pasado la familia y lo grande que es. Tengo gran curiosidad por saber el vínculo del Gral Rafael Petit y el Gral León Colina, en toda esta historia. Sé que Isidoro Petit Petit vivió por 1810. Rafael Petit y León Colina lucharon con Zamora en la batalla de Santa Inés en 1859, ambos nacieron entre 1825 y 1829. Éste último, no preciso que relación tenía con Sarturnino Colina, padre de Sixta del Carmen Colina Álvarez quien fuera esposa de Amado Encarnación Petit Petit, hijo de Alejo Petit Hernández y Nieto de Francisco Petit González, bisnieto de Isidoro Petit Petit. Soy nieto de Sixta y Amado, quienes tuvieron 12 hijos nacidos en Cumarebo. No tengo palabras para agradecer la conciencia que recoge su testimonio. Hasta los nombre como Rafael, León, Encarnación, Sixta, Francisco, Alejo, Juan de Dios se repiten en nuestros tiempos. Agradecido y en contacto mi hermano. Excelente narrativa...

6 Octubre 2010 | 02:59 PM

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En medio de una preocupación por la poca difusión y conocimiento de los valores trascendentales de nuestra familia, se abre este espacio para dar a conocer por lo menos, algunas pequeñas cosas...

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