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La Coctelera

COMO UNA REPISA.

donde se ponen cosas de Familia y de pueblo, por si las quieren leer...!

20 Junio 2011

Se llamaba Cornelio Corona.

Así lo habían nombrado sus padres Ramón Corona y Ana Olivetti cuando nació, en un caserío del Municipio La Soledad del Estado Falcón, el 16 de Septiembre del año 1.901.

Había nacido en una familia de origen humilde y viviendo en pobreza extrema, en una región azotada por un interminable verano que estremecía la geografía, haciendo muy difícil la obtención de frutos de la tierra para la subsistencia.

A los 8 años queda huérfano de padre y madre junto a sus hermanos Francisca "Chica", Bruno, Carmelita y Adelina "Nin". Ante semejante cuadro, se reúnen los tíos maternos para resolver la difícil situación llegando a la conclusión de repartirse los muchachos entre los hermanos de Ana Olivetti, que pudieran ayudar en la mantención de los desamparados infantes.

Le tocó por tutor su tío Ildefonso Olivetti, un hombre de disciplina rígida, cumplidor, severo y religioso que se lo llevó a vivir a San Pablo, lejos de su apegada hermana Nin, quien lo enseñó a rezar, a respetar a sus semejantes y, por supuesto, a trabajar ocupando cada minuto de su día  para que no le quedara el tiempo para hacer maldades.

Este fuerte régimen de crianza lo afectó de alguna manera porque él decía que no era tan malo como lo pintaban. El tenía un interés propio en aprender a leer y escribir, así como a prender a tocar guitarra porque le gustaba cantar.

No había en el caserío quien le enseñara a escribir y cuando llegaba una persona a la casa, le decía que "le dijera las letras". Se sentía como en un convento.

En una oportunidad, estaba en un mogote afinando unas cuerdas en una tabla, cuando lo consiguió su tío Ildefonso y le echó un tremendo regaño mientras le recriminaba que no estuviera perdiendo tiempo en "esas tonterías". Lo sentaba en una silla enfrente de él para estarlo vigilando.

El hambre azotaba de tal manera que, la gente emigraba por los caseríos cercanos  buscando que comer. Uno de esos moribundos de inanición llegó a la puerta de la casa y lo alojaron en un ranchito contiguo para darle alguna ración de comida. El hombre se llamaba Cornelio Arguello pero, su tocayo le comía la mitad de la ración. A veces Cornelio le pedía comida para llevársela al tocayo hambriento pero, se la comía en el camino y decía el tío Ildefonso:

«Cornelio tiene buen corazón»

El Papelón de las Morochas

Así le decían al papelón negro y al papelón blanco que tenían en una cesta guindando bien alto, en las viguetas de la casa, amarrados con un cabresto que salía de la pieza en donde dormía el tío. Cornelio dormía en un chinchorro en la sala y para soltar el cabresto, había que entrar a la pieza del tío... Dios Libre.

A altas horas de la noche, Cornelio se subía por las cabulleras del chinchorro y el cabresto que sostenía el chinchorro y llegaba al papelón, comiéndose parte del mismo. Era muy incómodo para disfrutar el dulce, sin embargo, le clavaba los "dientazos" que después tenía que emparejar con saliva para ocultar las evidencias. De todas formas, en la casa se dieron cuenta que el papelón estaba mermando inexplicablemente y le atribuyeron a Cornelio la autoría. Como castigo lo pararon en la alta madrugada a rayar papelón pero, se defendió diciendo que no podía subir sin escalera, salvándose de caer en la trampa.

 

El Cepo

Cuando ya Cornelio estaba un poco más grande, el tío Ildefonso dio la orden de que lo castigaran, que ya estaba grandecito para recibir su parte. Cornelio reconocía que su tío Ildefonso tenía derecho a castigarlo pero los demás no. Fue entonces cuando apareció en su mente la idea de fugarse de la casa pero, era difícil en ese entonces esa aventura.

Un día que iba a ser castigado, le tendieron una trampa las mujeres de la casa: Cuando entrara lo agarraban entre todas y, una mujer fuerte y fornida se ofreció a metérselo entre las piernas mientras las otras aprovechaban de azotarlo, y así hicieron. Solo que, cuando la mujer grande y fornida lo tenía casi dominado entre sus muslos, él aprovecho un descuido y le clavó los dientes en la entrepierna pegando un alarido aquella mujer y quedó caminando mal por un buen tiempo.

 

La Fuga

A los doce años toma la firme decisión de fugarse pero no halla como, por la acosante vigilia. Un día por la mañana, va solo a buscar agua, casualmente por donde debía irse. Dejó la burra guindada en un palo con los barriles y arrancó en una larga carrera que terminó en Buena Vista donde estaba la familia. Su hermana Francisca "Chica" y su esposo Demetrio ya estaban en Caja de Agua, en Buena Vista.

Lo primero que hace el desertor es preparar a la familia para que no lo entregue y así fue. El observaba desde no muy lejos, las acciones de sus defensores.

En Buena Vista, ya libre del yugo opresor del tío Ildefonso, trabaja y perfecciona los estudios, aprende a leer, a escribir algo y a tocar y cantar con sus guitarras.

Cae en cuenta Cornelio que Adelina, su hermana menor, está cautiva en El Biriquí y decide ir a buscarla y se la trae a Buena Vista donde estaban la mayoría de los hermanos.

Transcurren diez años entre Buena Vista y El Bariquí, y Cornelio se convierte en un hombre de contextura fuerte que le "retoza la energía". Tiene novia pero piensa como fundar familia en semejante situación de un verano tras otro.

Ya a los veintitrés años de edad, se percata que sus primos Jiménez Olivetti están en Yaracuy y que gozan de prosperidad en Aroa. Se pone de acuerdo con Tomás Cruz, Lucas Romero y otros y se vienen a pie desde Tucacas a Aroa llegando adonde vivía su tía Antonia y de allí pasa a Casupal, donde estaban ya fundadas las haciendas de los Jiménez.

Nota:

Este relato es copia casi textual de un escrito de puño y letra de Juan Bautista Corona García, el hijo mayor de Cornelio Corona y Nieves García. Curioseando en un viejo baúl en Bariquí, el 31 de diciembre pasado, encontré el manuscrito amarillento que Juan le dio en algún momento a su hermano Elías.

Me emocionó mucho el hallazgo y creí conveniente ponerlo al alcance de todos.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Alida Alvarez

Alida Alvarez dijo

Interesante historia, amena y muy muy familiar!

5 Julio 2011 | 06:55 PM

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Guacara, Venezuela
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En medio de una preocupación por la poca difusión y conocimiento de los valores trascendentales de nuestra familia, se abre este espacio para dar a conocer por lo menos, algunas pequeñas cosas...

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