Soledad en Glosa
Solo triste y afligido
pido la conformidad.
Si así Dios lo ha permitido,
cúmplase su voluntad.
Solo me pongo a pensar
que, así ha sido mi suerte.
Y, si pido por mi muerte,
el morir es natural.
Me tengo que conformar
porque, así me ha convenido:
perder los seres queridos,
donde tenía la confianza...
Estoy en una balanza
solo, triste y afligido
Me pongo a considerar,
con experiencia lo digo,
que una familia sin hijos
es digno de lamentar.
La tristeza en el hogar
nunca se acabará...
Al fin la conformidad
en el viejo es que se ve,
por eso, a Dios con fe,
pido la conformidad.
No me puedo aquerellar
que, he tenido sufrimiento
pero, si con sentimiento,
he tenido que llorar.
En Dios me pongo a pensar
cuando estoy más afligido.
Si, de él he recibido
lo que soy hasta el momento,
lo recibiré contento,
si así Dios lo ha permitido.
Me hallo solo sin tener
familia de obligación
pero, he tenido atención
cuando ha sido menester.
Tengo que agradecer
a la generosidad,
al cariño y la bondad,
que de eso no se ofenda,
así, venga lo que venga,
cumpla Dios su voluntad.
Esta composición poética, escrita o dada a conocer el 24 de Julio de 1.970 en El Bariquí, recoge la triste pero trágicamente cierta, realidad existencial de su autor.
En estas cuatro décimas en perfecta glosa y, a sus 84 años para entonces, LINO DE LAS MERCEDES PETIT HERNANDEZ, sintetizaba magistralmente, la sombría realidad del ocaso de su existencia.
Nacido el día de Las Mercedes del año 1.886, LINO, era hijo del viejo FRANCISCO "CHICO" PETIT GONZALEZ y MARIA DE LA CRUZ HERNANDEZ "MAMACRUZ", que decía MARIA JOSEFA. Era hermano de ALEJO, de DEMETRIO, de EUSEBIO y de TEODOSIO.
Casó en primeras nupcias con su prima hermana EMENENCIANA "TANA" PETIT HERNANDEZ, hija de su tío ENCARNACIÓN "CHON" PETIT HERNANDEZ y, como lo expresa en uno de los versos de su célebre composición poética, de esta primera unión matrimonial no nacieron hijos antes de su viudez. En segundas nupcias, casó con Julia Rodríguez con quien tampoco procreó descendencia a su ya avanzada edad.
Su casa estaba dentro de su posesión. Esa primera casa que se encuentra al llegar al Bariquí, a mano derecha, antes de cruzar y enfrentarse al Cementerio. Allí estaban su cañaveral y su trapiche. Todavía esa vieja construcción es conocida como la Casa de Tío Lino aunque pertenece desde hace tiempo a la descendencia de Chon Chiquito (QEPD).
LINO PETIT HERNANDEZ, decimista reconocido por su gran facilidad para la composición y la retentiva, era un hombre de escasas muecas faciales y reducido conversar.
Una vez, estaba Pedro Antonio Camargo con otro, en una orilla de un camino en Bariquí, tratando de componer una décima pero, la musa no hacia acto de presencia. Se habían ido a un sitio solo y apropiado para la inspiración y tenían ya casi medio día tratando de armar la cuarteta para después arrancar con los pies. Cuando ya se disponían a irse a sus casas fracasados en sus intentos de creación poética, vieron venir a Tío Lino a lo lejos y unánimemente deciden interceptarlo para solicitarle un empujoncito.
Dijeron ambos al unísono en tono tranquilizante:
«Allá viene el Señor Lino...,
Ése si sabe de esto.
Él el que nos echar una ayudaíta.»
Al tenerlo cerca y después de saludarlo le plantearon el pequeño obstáculo que tenían desde la mañanita en que se pusieron a tratar de escribir poesía.
«Mire, Señor Lino.
Nosotros estamos tratando de escribir una décima que hable del desarrollo, de los cambios sociales, naturales, del progreso, de las cosas nuevas pero, no hemos podido armar la cuarteta para hacer los pies.
Será que usted nos puede echar una ayudaíta?»
Tio Lino, quien atento les escuchaba sin pestañar, no había terminado Pedro Antonio de formularle la petición cuando le soltó de inmediato:
«Anda la sabiduría
paseando por donde quiera,
el avión surcando el aire
y el carro en la carretera.»
«A hombre pa´facil» - atinó a decir Pedro Antonio boquiabierto.
Todavía están por escribirse los cuatro pies de esa cuarteta...
Tío Lino, dueño de trapiche, pujante empresario de la Caña de Azúcar y sus derivados, con extensos cultivos para obtención de la materia prima, llegó a alcanzar una buena estabilidad económica en la sociedad bariquisera de los años cincuenta y sesenta llegando a "guardar morocotas", señal de la época de poseer "suficiencia" en las arcas personales.
Y, en realidad eran personales porque, lo que tenía era suyo y poco lo compartía con el prójimo llegando casi a optar del colectivo al adjetivo de miserable. Alguien le llegó una vez pidiéndole una ayuda para llevar a su casa y sobrevivir con su familia para pagarlo luego con trabajo en su trapiche, y no accedió a tenderle la mano a aquel necesitado.
Cuando la "desesperada alma" regresaba cabizbaja arrastrando su tragedia, encontró en el camino a Alejo Petit, hermano de padre y madre de Lino y le contó su desgracia. En el acto, "Papalejo", como era conocido el viejo patriarca por su descendencia, en absoluta contraposición a la acción del otro hijo de su padre, hizo gala de su reconocida benevolencia con el prójimo auxiliando en su casa con sus recursos al necesitado y a su familia.
Paradójicamente, el otrora pujante empresario de la caña, pasó sus últimos años como reza el primer verso de la cuarteta que englosa su décima: "solo, triste y afligido" en una pieza en Guamacho, lejos de su Bariquí natal, y de su escasa familia y, al morir en 1.972, fue velado en casa de una sobrina suya, Maria Josefa Petit, hija de su hermano Alejo en Bariquí y enterrado muy cerca de lo que fue su casa. Por cierto, parece haber sido hasta hoy, el único velorio en El Bariquí un veinticuatro de diciembre.
Eso fue hace treinta y ocho años.
LINO PETIT, un gran Decimista.
