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La Coctelera

COMO UNA REPISA.

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8 Julio 2011

El Bateero

Existió en Aroa un Ejercito Popular formado por puros corianos habitantes de San Francisco, nacido a la luz de la necesidad de la defensa de la Plaza de Aroa ante una supuesta invasión por parte de unos sanguinarios seguidores del temido General Rafael Simón Urbina.
Eran los tiempos gomecistas allá por 1.935 y, ante la inminente muerte del dictador, se esperaba una escalada terrorista en todo el país. Aroa no escapaba a estos temores y esperaban en cualquier momento la entrada de una columna de guerrilleros en tropel entrando al galope al pueblo atropellando todo a su paso, volando cabezas de autoridades, saqueando todo lo que estuviera en pie, violando mujeres y arrancando de sus brazos a los niños para llevarlos consigo.
El coriano, con toda la fama que lo rodeaba de hombre apretado para el trabajo y la pelea, se constituyó en ejército popular armado para la defensa de la Gobernación de Aroa.
También en esos tiempos, existió en Aroa un artesano tallador de bateas de madera llamado Luis Mujica Clisanche.
Un día, de esos mismos días de la supuesta invasión, salió Luis Mujica (El Bateero), a cortar un Candelo en los cerros para tallar una batea que le habían encargado.
El Candelo es la madera por excelencia para tallar bateas. Es un gran árbol de grandes y largas raíces en forma de gruesas tablas acostadas de canto y dispersas en todas direcciones.
Quizá por la forma geométrica de las raíces o por la estructura interna de la madera, el Candelo al ser golpeado produce un sonido sólido y estruendoso.
Una vez que El Bateero se encontraba en lo más alto de Los Cerros de Aroa y frente a la raíz de Candelo que mejor le pareció para su artesanal obra de arte, comenzó a hachar el árbol para tomar de él, el pedazo de materia prima que necesitaba.
El estruendo producido por cada uno aquellos hachazos, invade toda la geografía cuprense, bajando cerro abajo y recorriendo cada rincón del Valle del Río Aroa y poniendo a vibrar cuanto tímpano se atravesara en su camino. Ante el repiqueteo constante de aquel sólido sonido, aroeños y corianos se ven las caras y temblorosos se hacen cruces sentenciando en voz baja el origen de aquel traqueteo galopante:
«Esos son los cañones de la gente de Rafael Simón Urbina que vienen a invadir a Aroa »
De inmediato, el pánico se apodera de los primeros habitantes que oyeron aquellos sonidos y que se imaginaron el batallón de subversivos entrando y tomando el pueblo de Aroa, asaltando la gobernación.
Se corre la voz de alerta y se llama a formar, con la premura del caso, a la única fuerza capaz de enfrentar el ataque hostil, el Ejército de Corianos.
En un santiamén estaba formada la tropa de corianos frente a su Comandante Eladio Jiménez, armados hasta los dientes con lo poco que pudieron conseguir en la apresurada carrera armamentista. Eladio Jiménez había sido designado Comandante del Ejército Popular por su hermano mayor Ramón Jiménez, indiscutible máximo líder (caudillo) de los corianos en Aroa desde su llegada en 1.912. Eladio prestó servicio militar y le fue encomendada esa misión por sus conocimientos en asuntos de armas y manejo de tropas.
Mientras tanto en lo alto del cerro, Luis Mujica daba, contentico, los últimos toques al rústico trozo de madera que en la comodidad de su casa convertiría, con la destreza de sus manos, en una obra de arte dentro de los artefactos domésticos de la época.
Cuando iba la tropa de corianos avanzando en perfecta formación, armados con escopetas, machetes, piedras, y palos prestos a defender a toda costa la Gobernación de Aroa, y pasan por la Calle Piedra'e Tranca, se encontraron de frente con Luis Mujica El Bateero, quien venía silbandito, con la batea rustica abrazada sobre su hombro derecho y oscilante en su otra mano el hacha.
Es entonces cuando el Comandante y la tropa entran en razón de lo que realmente estaba pasando y cual era el verdadero origen de aquellos supuestos "sonidos de artillería".
En silencio, todos los corianos respiraron tranquilos pero, en absoluto, nadie hace comentario alguno ante la explicación a aquel "mal entendido". Cuando su Comandante se dispone a dar la orden de retirada de la tropa a regresarse a San Francisco a retomar las actividades cotidianas, de entre los pueblerinos que paralizados contemplaban el paso de la tropa y que todavía no entendían lo que estaba pasando, se escuchó una carcajada burlona que José La Oz, un importante bodeguero del pueblo, quien había visto también al bateero con su hacha, entendiendo también el origen de aquellos cañonazos que hicieron que se formara apresuradamente aquella pintoresca tropa.
Eladio Jiménez lo ve y se siente burlado en su orgullo y con el de él, el de toda la tropa bajo su mando, y de manera inmediata hace que la falta de respeto sea pagada con 15 días de cárcel sin ninguna consideración, aunque se tratase de un importante comerciante de la comunidad aroeña.
«Esto es sagrado, la tropa se respeta»
-Argumentaba inconmovible el Comandante Eladio Jiménez-

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Guacara, Venezuela
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En medio de una preocupación por la poca difusión y conocimiento de los valores trascendentales de nuestra familia, se abre este espacio para dar a conocer por lo menos, algunas pequeñas cosas...

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