Publicidad:
Terra
La Coctelera

COMO UNA REPISA.

donde se ponen cosas de Familia y de pueblo, por si las quieren leer...!

11 Julio 2011

La Lámpara de Laureano

Hay una teoría sociológica diseñada y sostenida por Elías Corona acerca del caudillismo coriano en Aroa. Él sustentaba que en Aroa, desde la llegada de los tres hermanos Jiménez (Ramón, Juan y Eladio) en el año 12 y, hasta el 47, año en que descubrieron y fundaron a Los Ureros y Carabobo, existieron tres grandes caudillos o líderes populares a quienes los corianos oían, respetaban y seguían como a un solo hombre.
Según Elías, el primer gran líder popular coriano fue, indiscutiblemente, Ramón Jiménez, el segundo caudillo fue Miguelito Jiménez (primo de Ramón) y el tercer y último gran líder popular fue Laureano Petit Corona.
Cada uno, en su momento, fue una notable figura pública local pero, de estas tres personalidades corianas destacó claramente la de Laureano Jesús Petit Corona.
Él venía emigrando junto con su familia siguiendo a su papá, Demetrio Petit Hernández, casado con Francisca "Chica" Corona Olivetti, padres de Benita, Ernesto, Carmen, Rosario "Chayo", Ana, Mercedes, José del Carmen "Checame", Matías, Benedicto y Cándido. Laureano llegó a Aroa antes de que lo hiciera la familia en 1.942. El se vino adelante precisamente sacándole el cuerpo a unos "verazos" que le iban a echar en El Caño El Tigre o Churuguara por unos asuntos de mujeriaúra. El llegó a casa de su Tío Cornelio y Tía Nieves, en Aroa, en donde vivió por un período de uno o dos años.
"Llano", como le decían algunos allegados, era un hombre de una imponente presencia física y de una arrolladora personalidad. Leía mucho acerca de los más variados temas: medicina, filosofía, política, religión y particularmente, ciencias ocultas, parasicología, magia negra, etc. Su afición a la lectura le proveyó de un basto bagaje cultural y un rico y fluido vocabulario. A diferencia de Ernesto y su alharaca poética y literaria, Laureano era el intelectual, el del discurso, orador preciso, certero y claro. Sin embargo, los dos juntos formaban la pareja perfecta que congregaba, embelesaba, enloquecían al auditorio aroeño y lo controlaban a su antojo.
Más de una vez, Laureano le tiró papelitos con notas tipo chuleta a Ernesto y a Juan Corona apoyando la oratoria en medio de sus enardecidos discursos proselitistas. Estos tres hombres, Ernesto, Laureano y Juan Corona, formaron un equipo en el que se apoyó Jóvito Villalba para engrosar las simpatías por el partido U.R.D. en toda la geografía yaracuyana.
Laureano tenía muchas consideraciones, no solo entre los corianos, sino en todo el pueblo de Aroa. Sus conocimientos en medicina le permitieron entablar una gran amistad con el Dr. Santelíz llegándose a rumorar entonces que, el conocido y afamado médico yaracuyano, más bien era quien se recetaba con Laureano.
El período de caudillismo "laureanista" transcurrió en medio de parrandas, fiestas, juegos y peas. Le apasionaba el juego: dados, gallos, barajas, etc. Gran aficionado al trago y a la "jembriaúra", por supuesto, a pesar de no haber tenido "hijos naturales" como sí lo hizo su hermano Ernesto (Henry González y Arminda Jiménez).
En una de esas tantas andanzas durante su gestión caudillezca, cierta vez, Laureano se entera de que en casa de Claudio Lopez, un barbero de Aroa, habría una celebración y, decide apersonarse en la casa de la fiesta justificando su repentina aparición con la excusa de que necesitaba una lámpara de gasolina y andaba buscando quien tendría una. Él sabía que el dueño de la casa tenía una. El dueño accedió por supuesto a prestársela con la novedad de que tuvo que encendérsela para explicarle a Laureano cómo funcionaba.
Laureano, victorioso al salirse con la suya, accedió a los ruegos del amigo barbero de que se quedara un rato compartiendo con ellos aprovechando su "inesperada" aparición.
Arrimó en un rincón la lámpara prendida mientras departió con el dueño de la fiesta y sus invitados, disfrutando de los brindis que inmediatamente le fueron dados. Transcurrieron así las horas tempranas de aquella noche de farra, hasta que comenzaron a escasear los brindis y los pasapalos y, Laureano, adelantándose al inminente final de la reunión, se paró, agarró su lámpara prendida y se despidió de los dueños de la escasa concurrencia aduciendo irse a descansar.
Pero eso era muy difícil de creer. Laureano iba "calentón" con aquellos primeros tragos y lo menos que quería sería ir a dormir: ¿Tan temprano?, ¿Hoy Sábado? Serían como las once de la noche...
Cuando va iba caminando por las calles iluminadas del pueblo de Aroa, con su lámpara prendida abrazada, oyó por allá a lo lejos, en lo alto de los cerros, los lánguidos acordes de una guitarrita que gemía...
Como un acto reflejo, levanta la mirada, afina el oído para ubicar el origen geográfico de las notas punteadas y, sin pensarlo dos veces, se encamina hacia allá con la plena seguridad de conseguir la parranda que necesitaba para completar el pedazo de noche que le faltaba.
No sabe que, se había acabado aquel baile porque, se había acabado el kerosén en la casita esa. Estaban las lucecitas "coloraítas" a punto de extinguirse... Las laticas de Kerosén en estacas "alumbraban la pura mecha" y parecían apenas unos tizones. En esa casa había de todo: comida, bebida, parejas de baile,... ¡Lo que no había era Kerosén!
La llegada de las tinieblas había decretado el fin del baile y, solo una guitarra y unas voces trémulas sin rostros amenizaban el ambiente. No había combustible para el alumbrado y ¿Cómo bailaban en lo oscuro?
De pronto, los afligidos asistentes que quedaban, creyeron que amanecía de repente con un sol radiante cuando irrumpió Laureano en medio de aquellas cerradas tinieblas de la medianoche con una luz que alumbraba toda la casa, los patios, el cerro y sus alrededores. Como algunos de ustedes sabrán, la lámpara de gasolina da una luz blanca intensa, y hasta más clara que la misma luz eléctrica
Fue así que se volvieron a ver las caras los escuálidos asistentes, desde que se habían extinguido las luces de las latas de kerosene.
Un estallido de entusiasmo anima a los decaídos asistentes que quedaban y a Laureano enseguida lo acomodaron en una silla, le trajeron comida, aguardiente y la mejor pareja en agradecimiento porque, ahora era que iba a haber baile, con la llegada de aquella lámpara.
Ahí se rascó Laureano y completó el rato de madrugada que le quedaba.
Entonces aclaró y se dispuso a regresarse a entregar la lámpara a su dueño. Agarró la lámpara disponiéndose a apagarla pero, no supo y, no le quedó más remedio que agarrar su lámpara prendía y caminar por las calles de Aroa. Iba con su lámpara prendía a pleno día, aunque ya con la luz un poco turbia por el normal agotamiento del combustible.
Llegó por fin a casa de Claudio López a devolverle la lámpara y al recibírsela, éste le preguntó:
«Pero, ¿Y por qué no la apagó?»
«¡Es que yo no la se apagar!»

 

servido por Eliézer sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Eliézer

COMO UNA REPISA.

Guacara, Venezuela
ver perfil »
contacto »
En medio de una preocupación por la poca difusión y conocimiento de los valores trascendentales de nuestra familia, se abre este espacio para dar a conocer por lo menos, algunas pequeñas cosas...

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera