Verdadera Máquina de Rayar Yuca
En el año 1.912, Venezuela fue azotada por una devastadora Hambruna, causando sus mayores estragos en el occidente venezolano y siendo Falcón el estado más afectado. La terrible enfermedad fue precedida por una de los tantos veranos que se hizo más intenso y prolongado que lo que de costumbre. La larga sequía hizo descender vertiginosamente los niveles de todas las cosechas, produciéndose la consecuente escasez de recursos en la gran mayoría de los pueblos falconianos.
Los habitantes de las zonas más desbastadas por el hambre y el ardiente verano que no habían muerto de inanición (Desnutridos), emigraban moribundos en desbandadas en busca de la ansiada supervivencia.
La realidad era terrible, sus escenas espantosas: Una disecada rama de hojas verdiamarillentas servía de bastimento a cualquier caminante despavorido por calmar el hambre..., hombres, mujeres y niños eran encontrados a cada paso, de lado y lado del camino muertos por el hambre, la sed y las enfermedades sufridas por las mismas consecuencias. Pudo encontrarse incluso la espantosa escena de un niño desesperado pegado mamando a los pezones del cadáver de la madre.
Los Bariquiseros vivieron en mayor o menor grado esta situación. Ellos estaban adaptados al clima y familiarizados con el irregular régimen de lluvias. Sobrellevaban de cualquier manera los duros períodos de verano. Con la llegada de los esporádicos inviernos se volcaban a la siembra para luego recoger orgullosos y agradecidos el fruto que le brindaba el bondadoso suelo, obteniendo así el consuelo para esperar, con toda la paciencia del mundo, el próximo invierno.
Eran ellos presa de esa especie de embrujo de El Bariquí que por generaciones ha amarrado a más de uno de sus hijos a su suelo y que esperen ansiosos una "nortaíta" para sembrar y otra para que se salve la siembra. Es algo así como un conformismo nostálgico que muy irregularmente era correspondido con la grata contribución de la naturaleza y que, no enriquecían al Bariquisero pero si alimentaba su estómago y fortalecía su espíritu.
Ésta, probablemente, sea la razón del sedentarismo del bariquisero y quizá todavía fuera así si no hubiese existido alguien que, con tajante irreverencia a esta realidad, marcara el histórico primer paso o inicio de los movimientos migratorios de los habitantes de El Bariquí.
Se trata de Francisco Petit Hernández, "El viejo Chico Petit", hijo de José Isidoro Petit Petit quien, guiado por el mismo espíritu emprendedor y aventurero que movió a su retataratataratatara-abuelo a cruzar el océano Atlántico desde la madre patria, en el último tercio del Siglo XVII, emigró con su esposa e hijos varones a un lugar del que solo se oían cuentos: Buena Vista de La Sierra.
Por todo el desértico Falcón, las noticias de La Sierra surcaban los vientos como cuentos de hadas: zona fresca por excelencia donde las cerradas y continuas lluvias no permitían distinguir estaciones de invierno y verano, temperaturas bajísimas a pleno mediodía, densas neblinas a media tarde y el suelo más generoso que pudiera concebir la imaginación del falconiano más soñador.
Ante la cruda realidad circundante tan opuesta, era difícil creer en la existencia de semejante paraíso terrenal.
En la voz popular, muy bien alimentada por la idiosincrasia del "coriano", se oían cosas de La Sierra tales como que el plátano mas pequeño que allí se daba era como el brazo de un atlético caletero y que ni el mas fornido de los hombres podía con el racimo. También se oía decir ante boquiabiertos e incrédulos oyentes, que con una concha de una yuca de la sierra se podía cruzar cómodamente y sin peligro de naufragio cualquier río o caudalosa quebrada. Según los mismos comentaristas, un saco con veinte aguacates de la sierra no podía ser cargado en el lomo más de cincuenta metros sin que cayera desmayado el cargador.
El viejo "Chico" Petit, cautivado por esos cuentos, responde al despertar del espíritu emprendedor que dentro de si se estiraba y quizá presagiando lo que podía venir y que tardo diez años mas en llegar, agarró a su mujer, sus hijos varones Teodosio, Demetrio, Eusebio, Lino y Alejo, todos sus animalitos caseros y toda clase de enseres domésticos y salió de El Bariquí en busca del paraíso serrano en los albores del Siglo XX.
Una vez en Buena Vista, los recién llegados colonizadores se ubican estratégicamente en la posesión recién adquirida y de inmediato comienzan a construir cada uno sus casas de habitación y a demarcar los pedazos de tierra que cada uno debía trabajar.
De los hijos de "El viejo Chico", solo Alejo no construyó casa en Buena Vista pues, nunca llegaría a establecerse definitivamente en La Sierra, aunque si demarcó su parte de tierra, la comenzó a trabajar para luego dejarla a cargo de peones contratados. Él le pagaba por trabajarles la tierra a estos peones, quienes provenían de la misma gente que acompañó a "El Viejo Chico" en su temeraria empresa colonizadora.
Alejo continuó viviendo en El Bariquí donde siguió ejerciendo su trabajo de enseñar o adiestrar toros a moledores en los Trapiches de Caña, pero nunca dejó de tener una estrecha comunión con su familia en La Sierra. Se casó allí en El Bariquí y levantó su familia. Su esposa era su prima hermana Guadalupe, hija de su tío "Chón Petit" con la que tuvo seis hijos: Alejo, llamado "Alejito", Amado, Dominga (murió de quince años), María Josefa, María Asunción "Chona" y María de los Dolores "Lola". Fuera de su matrimonio tuvo cuatro hijos: María de las Nieves García, María Jesús "Chúa" y Eliseo Orellane.
Alejo y sus descendientes viajan constantemente a Buena Vista a visitar a sus familiares, a darle una vuelta a su posesión, a pagarle a su personal y, por supuesto, proveerse de los productos agrícolas de La Sierra, superiores en calidad y abundancia a los de EI Bariquí y todos sus alrededores.
Alejo construyó su propio trapiche en el mismo Bariquí, una vez que se produjo el éxodo a la Sierra que marcó la desaparición progresiva de los trapiches abandonados, entre ellos el de su padre, situado en la zona conocida como La Vega.
Los demás hermanos de Alejo en La Sierra se meten a trabajar de lleno con su padre la agricultura.
Demetrio compró otro punto colindante con Buena Vista llamado "Caja de Agua", el cual fue bautizado con este nombre pues, en su parte baja se sentía un estruendoso ruido de cascadas de agua que cristalinas corren entre grandes piedras. Estas aguas nacen mas arriba, en el Cerro Camacho, el mismo donde se encuentra ubicada "La Cueva de El Cielito" donde a principios de 1.962 se produjo el primer bombardeo por parte de la aviación oficial contra un objetivo revolucionario por encontrarse allí la sede del Comando del Frente Guerrillero José Leonardo Chirinos" o Frente de Liberación Nacional y su brazo armado las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.
Estas mismas aguas pasan, tras recorrer muchos kilómetros por debajo de ese gran puente que esta cerca de Tocópero.
Algunos de los hijos de "EI viejo Chico" ya estaban casados., algunos con hijos pequeños y otros que van naciendo allí.
La actividad agrícola en La Sierra es intensa una vez establecidos en Buena Vista. "El viejo Chico" construye un trapiche y al mismo tiempo funda su Hacienda de Caña que habría de garantizarle la materia prima. Tanto la construcción del trapiche como su operación, así como todo el trabajo de cultivo de la Caña eran hechos por el mismo grupo de familiares del viejo "Chico" junto a la gente que en calidad de "peonada" le habían acompañado desde EI Bariquí.
La actividad trapichera generaría el producto más fuerte en la próspera economía de Buena Vista: La Panela. Ésta, junto a la Yuca, el Onoto y el Tabaco, eran los rubros de mayor comercialización en Cumarebo, Coro y La Vela, a donde debían ser transportados en lomo de bestias desde lo alto de La Sierra.
La Yuca era comercializada no solo como tal, sino procesada y vendida en sus derivados: Almidón y Casabe.
En Buena Vista, por cierto, se conoció dentro de la actividad de procesamiento de la Yuca para la obtención de sus derivados a un hombre que adquirió una gran fama como "rallador de Yuca" por su inigualable destreza en dicha actividad. Se trata de Serapio Jiménez, quien trabajaba para Demetrio y quien llegó a rayar en un día de trabajo, hasta las cuatro de la tarde, cuatro sacos de yuca. Esto incluía lavar y limpiar bien cada Yuca antes de rayarla. No se conoció en toda La Sierra ni en EI Bariquí, ser humano dedicado a rayar Yuca que superara ni siquiera igualara semejante índice productivo. Serapio Jiménez era, sin lugar a dudas, una verdadera máquina de rayar yuca.
Otro de los productos agrícolas cultivados en regular proporción era el Café. No era este un producto fuerte de comercialización como la Panela, la Yuca o el Onoto, sino que más bien era cultivado para el consumo local y alguno que otro excedente era llevado a Cumarebo o Coro para la venta.
Por supuesto, estos no eran los únicos productos cultivados en Buena Vista, pero si los producidos a escala de explotación comercial. Todos los demás eran producidos para el consumo diario de todos los colonizadores Bariquiseros.
